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miércoles, 10 de junio de 2009

Entrevista a Manuel Velázquez realizada por Frida Mazzotti.



Manuel Velázquez es uno de los artistas chiapanecos más valorados, autor de una obra amplia y polivalente que abarca desde la pintura hasta las instalaciones, pasando por escultura y la fotografía. Hace veintitrés años, llego a estudiar a la Universidad Veracruzana. Ahora, la Pinacoteca Diego Rivera organiza una exhibición de sus obras más recientes, integrada por piezas cuya mayoría se exponen por primera vez. La fecha de inauguración de esta exposición es el 9 de julio.
En estas piezas, Velázquez, hace una reformulación de su lenguaje plástico, buscando, según sus palabras, una ajustada precisión visual. El resultado: imágenes muy sencillas que son consecuencia de una reflexión capaz de producir una evocación que las emparenta con el minimalismo.
En exclusiva, preguntamos a Velázquez sobre esta propuesta.


Últimamente tu obra ha cambiado, se observa más reflexiva, hay una reducción de los elementos que acompañaban a las propuestas anteriores ¿Consideras que tu obra tiene influencia minimalista?


Así es, en las últimas fechas estoy trabajando en un proyecto que tiene decididamente referencias al minimalismo, no en la idea de copiar un estilo, sino, en la intención de recuperar el reduccionismo estructural.
Esta serie se destaca por la composición rígida y la ausencia de elementos ornamentales, por lo que la poética de los cuadros radica en la reiteración, la sutileza de los acabados y el trabajo con los materiales.


¿Cuál es la intención de esta obra?


La intención es trabajar con una actitud abierta, más que con un modelo cerrado o un estilo, la parte fundamental de esta propuesta es un ejercicio sobre los conceptos del minimalismo histórico; dicho ejercicio resulta de una labor deconstructiva que permite reformular significados y significantes. Por eso podemos decir que se ha desplazado el acento desde las teorías a los procesos, esto tiene que ver con el uso de los materiales y las posibilidades del lenguaje estrictamente pictórico.

¿Qué papel juega el espectador en el montaje de tu obra?


Para mi es muy importante, me interesa la relación entre mi obra y el publico. Por eso abogo por las formas sencillas, sobrias y discretas. Estoy a favor de entender la obra no solo como un sistema cerrado de relaciones internas sino como un elemento en el sistema exterior: obra-espectador.


¿Es importante para ti el aspecto visual de la obra?


Así es. Busco que el resultado final tenga algo visual, que sea contundente, para tratar de evitar la explicación o el texto a un lado de la obra. Trato de que baste con la imagen. No me gusta la estética de la documentación. Me interesa que la pintura exprese la idea como un fenómeno visual y no que se explique por medio de lo escrito. Trato de evitar lo narrativo y lo didáctico en la obra.

Para algunos artistas el proceso creativo es doloroso, para ti, ¿El proceso de creación es doloroso o te divierte?


Doloroso, no, nunca. Puede ser tedioso, aunque trato de no aburrirme; me deprime aburrirme, como a todo el mundo. Probablemente por eso cambio constantemente. Me gusta la idea de aprender todo el tiempo. Ser un principiante me divierte más que ser un maestro. El inicio de algo me encanta. Hay más inestabilidad, más emoción y eso hace que sea divertido. A veces es tenso: cuando no se sabe lo que está pasando.


¿Háblanos de la exposición de la Pinacoteca Diego Rivera?


Voy a exponer un nuevo material visual, sobre lo que he estado trabajando en las últimas fechas. Precisamente relacionado ha lo que hemos estado hablando. Buscaré, con esta exposición, generar una situación abierta. Lo importante es que el público pueda sentirse identificado con lo que está viendo. Me refiero a ese proceso por el cual la obra es un hecho visual, no anecdótico, que puede ser interpretado por todos.


Finalmente, hay una tendencia por orientar al arte contemporáneo a situaciones políticas o sociales ¿buscas darle un sentido político o social a tu arte?


Creo que el arte no debe manifestar estas intenciones. Cuando el artista comienza a tratar de actuar a favor de un ideal, de un movimiento político, de eso que uno considera "lo bueno" -que no sé exactamente qué es-, comienza a tener prejuicios en relación con la creación. Para mí, lo más importante es el arte. Trato comprender el momento y la situación en la que estamos viviendo, pero no intento dar a mi obra una orientación política determinada. Creo que orientar mi obra a la intención política es llenarse de prejuicios y convertirse en un artista con pretensiones didácticas. Y eso me parece un abuso.

Entrevista a Manuel Velázquez realizada por Elsa Vásquez


Entrevista a Manuel Velázquez realizada por Elsa Vásquez


Manuel Velázquez es uno de los artistas chiapanecos más conocidos, con peso específico en el mercado y en el debate del arte contemporáneo del sureste del país. Hace veintitrés años, llego a estudiar a Xalapa, Veracruz.

Ahora, la Pinacoteca Diego Rivera organiza una exhibición de sus obras más recientes, integrada por piezas cuya mayoría se exponen por primera vez.
En exclusiva, Velázquez concedió esta entrevista.


¿Háblanos de la exposición de la Pinacoteca Diego Rivera?


La obra que voy a presentar, seguramente será una obra extraña para muchos, pues mi trabajo cambia todo el tiempo. No sé qué va a pasar con la exposición que ahora presento, sin embargo, estoy tratando de hacer una exposición interesante, nueva, muy visual. Es obra que nunca se ha presentado en Xalapa, y ésa es la idea: que se conozcan estas piezas.


¿Dices que es importante el aspecto visual de la obra que vas a presentar? ¿En qué sentido?


Así es, busco que el resultado final sea visual, que sea contundente, para tratar de evitar la explicación de la obra. Trato de que baste con la imagen. No me gusta mucho la estética de la documentación, que es tan recurrente en nuestros días. Trato de evitar el sistema de documentación de los artistas posconceptuales de esta época. Me interesa que la pintura exprese la idea como un fenómeno u objeto visual y no que se explique por medio de lo escrito. Esto no quiere decir que el arte no sea un hecho mental, lo que pasa es que se ha confundido la reflexión, el análisis, la propuesta con la documentación, con el llenar de datos, de información sin ton ni son, parece que entre más datos exhibas para respaldar –justificar- tu obra, más valiosa es. Trato de evitar lo narrativo, lo anecdótico y lo referencial.


Sin embargo, tu obra ha cambiado, se observa más reflexiva, pero ¿Qué prevalece?


Siempre me han gustado las situaciones donde los opuestos se encuentran; lo natural y lo artificial, lo artístico y lo artesanal, el contenido y el vacio de contenido, lo anecdótico y lo significativo. Me interesan los conceptos que siempre están chocando. Ese tipo de tensión que se da en la periferia de las ideas es muy importante para mi trabajo creativo.


¿Eres muy disciplinado? Háblame de esto, qué reglas te impones a la hora de trabajar.


La idea de disciplina no tiene para mí un sentido represivo, sino estratégico. Tiene más que ver con conductas para construir algo: una situación, un momento. Cuando las cosas están dispersas, cuando no tienes disciplina, difícilmente puedes construir algo, esto parece muy restrictivo para algunos que se dedican al arte, pero puedes inventar una regla de conducta que tenga una lógica propia, lo importante es empezar por trabajar. Las reglas, sin saberlo, las vas inventando en el camino. Pienso en las reglas que inventan los niños cuando juegan: tomar un cochecito y en lugar de que corra por la mesa, meterlo en la sopa, para ver qué pasa, una y otra vez, la regla no tiene que inhibir la imaginación. La idea es generar una disciplina que te permita activar tus ideas y trabajar.


¿Qué importancia tiene el proceso creativo en tu obra?


Es precisamente el asunto que me interesa: un arte de proceso, con el cual estoy involucrado en este tiempo.
Lo artístico, o lo poético, si quieres llamarlo así, sucede en varios momentos, desde el proceso creativo hasta la presentación final de la obra, y su desarrollo posterior. Está sucediendo en el tiempo y en el espacio. En mi obra, primero es el tiempo lo que importa, el espacio también, pero en otro momento.
Tú puedes ir a un museo, como decía Kandinsky, y no encontrar arte, o no sentir que lo encontraste; salir de ahí vacío, como si hubieras ido a una tienda. Por eso pienso que es en el tiempo y en el espacio donde sucede lo artístico, ocurre que hay obras en que el proceso es muy interesante, pero el resultado es aburrido. En otras, al revés, el proceso es tedioso pero el resultado final espectacular.
Por eso, es importante el momento en que se presenta la obra, porque es cuando se hace pública, cuando entra en comunicación con los demás. Ahora, al estar consciente, o interesado en el tiempo y el espacio del arte, debo ser muy cuidadoso en todas las etapas del proceso y la presentación, para lograr que el resultado revele todos esos momentos en los que sucedió, llamémosle así: el arte. Desde luego, no me refiero a lo anecdótico, sino a que una vez terminada una pieza, está cargada de cierta mitología personal y, por supuesto, de su propia historia. Y eso la gente lo ve al final.


¿Pero, qué pasa si el momento poético ocurre cuando estás solo? Tú has dicho que sólo en lo público cobra su verdadero sentido el arte.


Es un buen punto. Estamos justamente hablando de la circulación de la obra, que es algo muy importante. Una obra siempre tiene un carácter público, o funciona, cuando el publico la activa. Aquí parece que me contradigo con lo del proceso pero trataré de explicarme: el artista cuando trabaja imprime su huella en la obra, su cuerpo, su estado de ánimo, todo se pone en juego en su proceso, los materiales, el clima, etc. pero esto no basta para ser arte, hace falta el re-conocimiento de la obra, que el público la reconozca como tal, que la con-firme como arte. Es una cosa muy interesante, aquí conviene citar a Danto: Nada es una obra de arte sin una interpretación que la constituya como tal.


¿Eso requiere una mayor participación del observador?


Desde luego, porque no se le ofrece algo ya cocinado o masticado. No se le trata, como tampoco se le debe tratar a un niño, a quien hay que explicarle todo. Se tiene que tratar como a un individuo ante un hecho real, y no como una masa creyente ante un sistema de espectáculo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Entrevista a Manuel Velazquez por Abel Zavala


1. Nombre:
Manuel Velázquez


2. Ocupación:
Artista visual, productor de artesanía y profesor universitario


3. Experiencia profesional:
Estudie pintura y dibujo en la Escuela de Artes Plásticas de Chiapas y soy Licenciado en Artes por la Universidad Veracruzana. He participado en diversas exposiciones individuales y colectivas en México, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Austria, Serbia, Japón, Eslovaquia, Italia, Holanda, Guatemala, Cuba, Argentina, Chile y otros países. He sido director de la Escuela de Artes Plásticas del ICACH y del Jardín de las Esculturas del IVEC. Mi obra suele ser de gran formato, sobre madera en técnicas mixtas, aunque también realizo instalaciones y desde hace algunos años incursiono en la producción de imágenes digitales manipuladas. Soy Catedrático de la materia de pintura en la Facultad de Artes Plásticas de la UV. Como académico me interesa renovar y fortalecer los procesos de enseñanza-aprendizaje, y dedico buena parte de mi tiempo a la investigación y a la reflexión teórica, por lo que colabore en el diseño y elaboración del Plan de Estudios 2007 dentro del MEIF para la Facultad de Artes Plásticas de la UV y los planes de los TSU de los Talleres Libres de Arte de Veracruz. Me he desempeñado como asesor de tesis, conferencista y productor de artesanías.


4. ¿Qué es para usted el minimalismo?
El minimalismo es un movimiento artístico surgido en los años sesentas, tiene sus orígenes en obras de Constantin Brancusi, Alexandre Rodchenko y Vladímir Tatlin en las que ya aparecía la idea de reducción estructural y máxima minimización.
El artista minimal sitúa sus referentes creativos en el propio objeto artístico alejándose de esta manera de toda interferencia con el mundo exterior. A principios de la década de 1960 surgió una generación de artistas radicales que adoptaron la escultura como medio para exponer sus ideas; entre sus principales exponentes estaban el propio Judd, Robert Morris, Carl Andre, Robert Ryman, Dan Flavin, Stephen Antonakos, Sol LeWitt y Richard Serra. Crearon una serie de obras, que definían como estructuras o sistemas, en las que el predominio de las formas geométricas elementales y de los materiales más rudimentarios era absoluto.
La obra minimalista insiste, de forma metódica, en manifestarse mediante formas puras, poco expresivas, carentes de gestualidad y de tema. Tratando de lograr la factura impersonal, como reacción contra la preeminencia del expresionismo abstracto.
Para conseguir la reducción formal deseada el objeto minimalista se despoja de todo adorno decorativo y se remite a las relaciones del espacio circundante que se resaltan ya sea por el efecto específico de la luz sobre el material, como por la expansión del volumen.


5. ¿Considera que su obra tiene influencia minimalista?
En las últimas fechas estoy trabajando en un proyecto que tiene decididamente referencias al minimalismo, no en la idea de copiar un estilo, sino, en la intención de recuperar el reduccionismo estructural.
Esta serie se destaca por la composición rígidamente geométrica y la ausencia de elementos ornamentales, por lo que la poética de los cuadros radica en la reiteración, la sutileza de los acabados y el trabajo con los materiales, en donde se funden los elementos en el lenguaje puramente pictórico.
La intención fue trabajar con una actitud abierta y con una especie de método, más que con un modelo cerrado o un estilo, la parte fundamental de esta propuesta es un ejercicio sobre los conceptos del minimalismo histórico; dicho ejercicio resulta de una labor deconstructiva que permite reformular significados y significantes. Todo se convirtió en ausencia: ausencia de elementos, ausencia de contrastes, de colores, ausencia –incluso- de significado o más propiamente dicho, ausencia de un solo significado. Bajo este punto de vista, estamos hablando de una obra oscura, críptica, no tanto en la forma como en el concepto, se busco además, que las pinturas operaran sólo en términos de material, superficie, tamaño y color.
Sea como fuere, la huella del minimalismo ha sido poderosa y persistente en esta serie. No sólo en el empleo recurrente de formas elementales (simples, básicas y primitivas), muy claro desde el principio del proyecto, sino en otros aspectos más sutiles como son el gusto por la repetición, y la neutralización anecdótica. Por eso podemos decir que se ha desplazado el acento desde las teorías a los procesos, esto tiene que ver con el uso de los materiales y las posibilidades del lenguaje estrictamente pictórico (conforme a su verdadera naturaleza, la pintura es sólo "pigmento específico" sobre una "superficie específica").


6. ¿Qué artistas le han influido en la construcción de su discurso plástico?
Para los fines de este proyecto el minimalismo es más un “procedimiento” que una escuela cuyos límites cronológicos abarcan más de un siglo. A este “procedimiento” le llame forma mínima o minimal común denominador e intento plantearlo como una conducta asumida por muchos artistas antes y después del minimalismo norteamericano de los años sesenta.
Dentro de esta propuesta me interesa la obra de artistas actuales tan disímbolos como: Félix Gonzales Torres, Gabriel Orozco, Hernández pijuan, Mario Merz, Mathias Goeritz, Not Vital, Richard Serra, Richard Long, Roberto Rodríguez, Roni Horn, Sol Lewitt, Ulrich Rückriem, y también, Isamu Noguchi.

7. ¿Qué teóricos han influido en su discurso plástico?
El concepto de esta serie esta inspirado en los textos de la Dra. Renate Wiehager[1], Directora de la Colección DaimlerChrysler.


8. ¿Qué es para usted una instalación?
La instalación se va conformando como entramado de un conjunto de aportaciones y propuestas que los artistas realizan a lo largo de la primera mitad del siglo XX, y es heredera a su vez de tradiciones artísticas que podríamos remontar hasta tiempos realmente lejanos.
La instalación actualmente se puede pensar como la atención al espacio en el que se ubica el arte, o la realización de proyectos para su adecuación o su alteración, la creación de obras vinculadas a un determinado lugar, la propuesta de espacios fantásticos, muchas veces de carácter efímero, y la colaboración con proyectos arquitectónicos o paisajísticos.
En 1942, Marcel Duchamp ejemplificaba esta nueva interconexión espacial y lingüística mediante la construcción de una tela de araña que engarzaba la habitación del Whitelaw Reid Mansion, Nueva York, y los paneles, muebles, objetos y pinturas que componían la exposición titulada: Primeros Papeles del Surrealismo.
Hacer una instalación es preparar un lugar para que pueda ser utilizado por el publico de una manera determinada. El que instala posibilita una nueva utilización del espacio en el que actúa, pero quien la pone en marcha, quien le da un determinado uso, es quien lo utiliza, el “publico”.
Por ejemplo, en las instalaciones lumínicas de Dan Flavin, el espacio de la galería se ve afectado por una serie de colores que lo distorsionan visualmente. El objetivo de esta distribución de luces es tratar el espacio tridimensional como soporte de la obra de arte, dividiendo visualmente el espacio de la galería, para posteriormente recomponerla.


9. ¿Qué papel juega el espacio en el montaje de su obra?
Para mi es muy importante, puesto que, cuando estudiamos un objeto con tan poca atracción visual como la serie que estoy realizando, nuestro interés estético tiende a virar de las relaciones internas a las externas; por ejemplo, la relación entre mi obra, el publico y la iluminación de la galería hace que constantemente se vea alterada mientras el publico la contempla y se mueve a su alrededor. Otro aspecto a tener en cuenta es la relación entre el objeto artístico y el espacio de su ubicación arquitectónica.


10. ¿Considera que en esta época de pluralidad posmoderna pueda considerarse a un material “no convencional” en una propuesta escultórica?
Actualmente ya no hay ninguna atadura o ¿si?


11. ¿Qué opina sobre el lenguaje propio de los materiales como medio de expresión?
Un impulso fundamental del arte minimalista histórico consistía en reemplazar los materiales “ideológicamente contaminados” de las tradiciones artísticas (el pedestal, la fundición de bronce, el lienzo y el marco) por materiales producidos industrialmente. El visitante de las primeras exposiciones minimalistas se confrontaba con el latón, el plexiglás, la chapa y el aluminio (Judd), el acero oxidado (Serra), los prismas de madera en bruto y las planchas de hierro (Andre), el contrachapado y las láminas de PVC (Schene), el acero y la pintura de automóvil (Posenenske), el papel de embalaje y los materiales de algodón (F.E. Walther). Ligados a los mismos se hallaban: la formalización y reducción rigurosa, las estructuras primarias, el geometrismo, el juego alternante de formas en positivo y en negativo, y la fusión con el espacio.
Las evoluciones de finales de los años sesenta, que el crítico de arte Robert Pincus-Witten ha denominado “posminimalistas[2]” en relación a obras de Keith Sonnier, Eva Hesse, Richard Tuttle, Bruce Nauman y otros, devuelven al primer plano la atención por los procedimientos artísticos y los aspectos estéticos de la producción y la recepción. El cambio en el manejo de materiales, la tematización de la producción artística y la manera de involucrarse del observador en el proceso de creación de la obra, son relevantes para las tendencias contemporáneas del posminimalismo.


12. ¿Qué piensa de los diferentes niveles de lectura en una obra, es decir, desde la experiencia visual primaria hasta un análisis profundo y a qué aspira su obra?
En la vieja discusión del arte contemporáneo por la vigencia de los lenguajes convencionales (en este caso la pintura), he mostrado mi preferencia por los trabajos que tienen sentido por la renovación de los lenguajes, sean éstos convencionales o no. Por eso abogo por las formas sencillas, sobrias y discretas.
Estoy a favor de entender la obra no solo como un sistema cerrado de relaciones internas sino como un elemento en el sistema exterior: obra- ambiente-espectador.
Por eso puedo decir que he desplazado el acento desde las teorías a los procesos, esto tiene que ver con el uso de los materiales y las posibilidades del lenguaje estrictamente pictórico. Busco la especificidad de la pintura.


13. ¿Considera que mi proyecto se inscribe en los parámetros del arte contemporáneo?
Tu proyecto desde el momento que plantea una visión renovada del uso de materiales no tradicionales, la búsqueda de un lenguaje más amplio entre escultura y ambiente, estoy seguro que se suscribe a los parámetros del arte contemporáneo. Podría decir que te interesa la escultura como “Lugar”, como ambiente. Esta concepción de “Escultura como lugar” puede parecer extremadamente moderna, pero muestra al mismo tiempo características contemporáneas y también ancestrales, esta indefinición de tiempo cronológico es muy propia de creaciones actuales. No hay que olvidar que los pares de opuestos y la multiplicidad de lecturas entrelazan la obra posmoderna.
[1] Antes y Después del Minimalismo, intro.PDF www.march.es/arte/palma/anteriores/catalogominimal/catala/introduccion.asp
[2] A partir de la década de los 70 los artistas del movimiento Posminimalista empezaron a "explorar los procesos psíquicos y físicos implicados en la realización de una obra de arte, cuestionándose la materialidad de los objetos y las condiciones en las que fueron creados".

domingo, 14 de diciembre de 2008

El ritual de la memoria

EL RITUAL DE LA MEMORIA
Entrevista con Manuel Velázquez

Leonardo Tenorio

El día no es cálido ni frío; no es húmedo ni seco. Es un día xalapeño en el sentido de que no se parece a nada. Ni a sí mismo.
Abriéndose paso entre dos perros enormes, Manuel Velázquez se aproxima a la reja y ríe, tras una broma que es más bien una señal de buenas intenciones.
Metáfora del mundo, su casa-taller confiere a la reunión un cierto tono ceremonial, y sin embargo, lúdico. La presencia de dos ninfas furtivas acentúa ese carácter.
En el marco de una breve sesión de saludos y elogios mutuos, motivado por algún comentario en torno a la diversidad de su quehacer artístico, Velázquez ha encendido la llama del ritual de la memoria:

Normalmente pinto; yo me considero más que nada pintor, aunque realmente es sólo una forma de hablar de mi trabajo, porque también hago escultura, instalación, en fin. Mi carrera aquí en la universidad fue en gráfica, en serigrafía; antes había estudiado en Chiapas, donde dibujé y pinté básicamente. Pero digamos que mi formación es de pintor: aunque hacía gráfica y hoy hago escultura, me sentía y me siento más cercano a la pintura. Depende más que nada del proyecto en el que esté trabajando.

Por tu cercanía, por ejemplo, con Omar Gasca, pensaría que permaneces cercano a la noción de “transdisciplina”; ¿es el arte una cuestión de transdiciplina, de disciplina o de indisciplina?

Es una cuestión de disciplina porque exige un oficio, exige un conocimiento de los materiales, de las técnicas, e incluso de cómo aplicar una idea a esos materiales a través de esas técnicas.
Ahora bien; yo diría que el arte, como cualquier forma de conocimiento humano, es un conocimiento inacabado y abierto, que ha ido absorbiendo elementos de otros campos de conocimiento que han sido abandonados, como los que corresponden a aquella parte de lo religioso que se vincula con lo mítico, con lo ritual; manifestaciones frente a las que han permanecido ajenas otras áreas de conocimiento y que el arte ha ido incluyendo en su ámbito. En este sentido, considero que el arte no es nada más disciplinario, sino también transdisciplinario.
Indisciplinario sí, pero depende a qué nos referimos con ese término. El arte de alguna manera es una manifestación de la libertad del sujeto artístico, pero no podemos olvidar que ese sujeto está atravesado por condicionamientos culturales, políticos, sociales, morales, religiosos, y cuando tú trabajas, aunque trabajes en soledad, también hay una cultura que se está manifestando, hay una manera de pensar, una clase social, en fin. Pero pienso por otra parte que para que haya creación, tiene que haber necesariamente un disgusto con la realidad, una inconformidad: es como decir “no estoy conforme con esto y quiero crear otra cosa”. En ese camino bastante ambiguo y bastante contradictorio siento yo que se mueve el arte.

Ambiguo y contradictorio, como los mitos. Tu obra contiene francas alusiones a lo divino, a lo sagrado en la vertiente mítica, como tú has mencionado. Y lo mítico tiene mucho que ver con procesos de iniciación. Me he dado cuenta de que el trabajo que realizas con los jóvenes suele basarse en la proximidad; ¿tiene esto que ver en algún sentido con una concepción iniciática del saber?

Esto tendría que ver, en principio, con mi propia formación. Yo me inicié a los doce años en una escuela de artes plásticas en Chiapas, me incorporé porque consideraba que no era hábil para dibujar pero me gustaba mucho. Mi maestro, un maestro español, Luis Salamitos, venía de una escuela muy academicista, pero también venía de una formación directa con artistas como Rufino Tamayo, como Diego Rivera. Esta relación inmediata con alguien que conoce el oficio y que además conoce el entorno de lo que está impartiendo, determinó mi primer contacto con el arte, y también con la educación artística.
Después vine a Xalapa, pensando encontrar más de lo mismo pero multiplicado, es decir, más maestros, y a pesar de que ocurrió un poco lo contrario, Xalapa y la Universidad me permitieron conocer otras cosas: aquí conocí la gráfica, el diseño gráfico, la cerámica, la escultura, etcétera.
Después regresé a Chiapas, regresé a ocupar el puesto de mi maestro en la escuela en la que yo había estudiado, y justamente por esta relación que el maestro guardaba no sólo conmigo, sino con el resto de los estudiantes, cuando yo llegué a Chiapas fue muy difícil el contacto con los alumnos. Sentí en principio esa dificultad de enseñar y me di cuenta que tenía que ganarme primero al estudiante, conocerlo, y después enseñarle: si no hacía eso la comunicación no sería posible.
¿Cabe la pintura concebida de este modo, de un modo tradicional, en el modelo que actualmente está operando a nivel universitario y que, en principio, te obliga a calificar de cero a diez aplicando criterios pretendidamente objetivos? ¿Se llevan bien ambos modelos? ¿Cuál crees que sea el futuro del arte dentro de este modelo educativo?

Yo no pretendo llevar con mis alumnos una relación de discípulo y maestro, sino todo lo contrario; pretendo aplicar una relación de igual a igual, con las diferencias respectivas, puesto que de mi parte hay un mayor camino andado, pero atendiendo a algo que ya parece un cliché: que el maestro aprende también del alumno. En ese sentido, creo que aunque vengo de esta relación discípulo y maestro, prefiero una relación más de iguales, pensando en que maestro y estudiante construyen juntos el conocimiento. Aunque si bien existe esta relación de iguales, debe existir lo otro, el oficio. No imagino una universidad en la que todos piensen lo mismo, creo que hay que estimular las diferencias. Pienso en una universidad en la que todos se incorporen con sus diferencias, y no sólo con sus similitudes.

Otra característica de tu obra es la presencia del elemento erótico ¿qué representa esta presencia? ¿Cómo se te ocurre que está vinculado el arte con el elemento erótico?

Pienso que arte y erotismo, están vinculados a partir de que en ambos está implícita la creación, no sólo en términos de la creación de un hijo o de un producto: el momento erótico implica también creatividad.
Yo he trabajado hasta ahora con los contrarios; he trabajado en busca de esta unión de contrarios que están presentes no para hablar de lo mismo, sino para hablar de sus diferencias. Y me ha gustado siempre una obra que no sea meramente contemplativa, he buscado una obra que confronte al espectador, que lo haga pensar y que en cierta medida podría parecer agresiva. En este sentido, lo erótico y lo sexual son también temas tabú, han sido siempre temas difíciles para conciencias más moralistas; de ahí precisamente que se incorporen a mi obra.

Tengo la impresión de que el arte contemporáneo ha supuesto la difuminación de la frontera entre lo que es arte y lo que no es arte. Quizá una de las tareas del arte sea actualmente distinguirse del resto. ¿Tú lo crees así?

Yo distinguiría varias cosas. En primer lugar que hay un sistema artístico, y hay un arte. Hay algo que es difícil de definir, que es esencialmente arte, y algo más que es propio de la sociedad y que tiene que ver con la educación artística, con el sistema de galerías, con el mercado del arte; creo que hay que aprender el funcionamiento de este sistema, hay que conocer sus reglas y hay que saber que ese sistema toma cosas y las desecha; ese sistema es capaz precisamente de hacer aparecer obras que en otro momento no serían admitidas dentro del sistema artístico. No podría decir quiénes de los que ahora están dentro del sistema van realmente a traspasar las barreras del tiempo y en un futuro ser realmente considerados como artistas; yo distinguiría eso de lo propiamente artístico, que yo resumiría a una necesidad de pensar, de ser y de sentir que se manifiestan en una obra. Cuando estas tres formas se unen y son congruentes consigo mismas, se produce un momento creativo, un hecho artístico.

Desde la hermenéutica, hay autores como Gadamer o Ingarden que hablan de “competencia del lector” o de “actualización estética de la obra”, en fin, ¿crees que el arte es cuestión de interpretación, de actualización de sentidos potenciales o latentes, más que de contemplación?

Yo creo que sí. Creo que en el hecho artístico intervienen muchos factores. Edgar Morin diría que es complejo, y que es necesario tomar elementos de muchas disciplinas para poder estudiarla. Podemos estudiar el momento creativo, el tema de la obra, el contenido, los materiales, la composición, el color, el momento histórico, la vida del artista, pero yo creo que aunque tengamos todas estas partes, siempre sen nos va a escapar algo, siempre va a haber una fisura que es precisamente este momento en que el intérprete se enfrenta a la obra con todo su bagaje histórico, cultural, social, etcétera.


Durante el periodo que has pasado aquí ¿has llegado a sugerir la presencia de un movimiento artístico o cultural en Xalapa? Lo digo a propósito de la atribución a esta ciudad del estatus de “ciudad cultural”, que considero por lo menos polémico.

Depende a qué se le llame movimiento cultural. Si se le considera así a la existencia de un estilo reconocido de los artistas, en este caso de los pintores xalapeños, yo pensaría que no; sí hay cosas que van transitando de un artista a otro por razones de vecindad; no veo grandes diferencias entre mi manera de pensar y la Per Anderson, por ejemplo: en nuestras maneras de concebir el arte, por ejemplo, hay muchas similitudes. No veo a Xalapa como una ciudad en la que exista un estilo definido, como quizá podría decirse de Oaxaca. Existe en Xalapa, eso sí, un espacio propicio para la creación, que en parte tiene que ver con el hecho de que creadores de otros lados se reúnan acá. En ese sentido Xalapa es noble. Adicionalmente, hay un clima propicio para trabajar que, incluso, te permite un cierto estado de meditación, de ensimismamiento que puede contribuir a la creación.


Existe en este país una especie de condicionamiento para toda labor creativa en términos de su dimensión social. ¿Tú crees que el artista debe jugar una función social? ¿Cuál sería esa función?

Hay diferentes maneras de acercarse a ese punto. Una manera de acercar a la gente a mi trabajo, ha sido a través de las artesanías; si tú ves, no hay grandes diferencias entre mis artesanías y mi obra, hay digamos un discurso que tiene que ver con lo religioso, con lo tradicional, con lo popular, y que pasa de mi artesanía a mí obra y viceversa. Hay un diálogo, no son piezas totalmente ajenas, aunque he procurado que sean piezas únicas. Esta es una manera de penetrar en la sociedad, haciendo que un trabajo sea más noble en el sentido de asimilar visualmente y económicamente: no es lo mismo vender un cuadro de 1.22 X 1.22, que vender una artesanía de 30 centímetros.
Hay otra manera de abordar este asunto, y que tiene que ver con la educación, con ir generando nuevos personajes en este ámbito, y hay aun otra vertiente que tiene que ver también con la difusión; yo he estado continuamente en proyectos y he participado activamente en la difusión cultural, y creo que el trabajo esencialmente se tiene que hacer con los niños.
Como autor sólo te preocupas de que tu idea sea clara, sea asimilable. Como gestor cultural tienes adicionalmente la posibilidad de mostrar una obra, y de educar al espectador en relación a una técnica, a una manera de decir las cosas, a un movimiento artístico, a un tema. Ahora bien, para mí siempre ha sido peligrosa esta idea de acercar el arte a la sociedad a fin de hacerlo más accesible. Hacer masiva una obra no significa hacerla más accesible ni más social.
El propio arte que se vincula a lo posmoderno, pretendiendo acercar el arte a lo cotidiano, a la vez ha ocasionado un alejamiento mayor. Yo creo que el arte exige al espectador no ser pasivo; no está ante un televisor que le da todo, no hay risas grabadas que te dicen cuando reír: el arte exige mucho más.
Adicionalmente, hay artes que por su condición son fáciles de transportar, de llevar a otro lado; pero hay otras, como la escultura quizá, cuya estructura no permite que sea accesible a todo el público.

¿La vida es también un oficio?

Pienso que la vida es compleja. Hay decisiones en las que hay que ser más bien como el jardinero: saber cuándo sembrar y cuándo no hacerlo; la vida es compleja pero es sobre todo un misterio, y esa es la gran virtud de la vida y digamos que es un poco lo que decía del arte. La gran virtud del arte es que es incertidumbre, un hecho inacabado, ese es su valor: el valor del arte y de la vida. Si conociéramos nuestro destino estaríamos muertos.