sábado, 27 de noviembre de 2010

El lugar: un espacio de afección en la obra de Gordon Matta-Clark, Jannis Kounellis y Roberto Rodríguez






El lugar: un espacio de afección en la obra de Gordon Matta-Clark, Jannis Kounellis y Roberto Rodríguez
Lugar-afección
¿De qué hablo cuando hablo de la relación entre afección y lugar? Las referencias comunes presentan el concepto de “lugar” de una manera excesivamente coloquial, es decir, presentan los lugares bajo un prisma que los define como porciones concretas y singulares del espacio. Esta adscripción, a una definición tan ambigua, hace que el término “lugar”, apenas sea utilizado. Sin embargo, aquí planteo el concepto de lugar como un espacio de afección, dando al “lugar” la capacidad de generar afecciones. Entiendo por afecciones lo que señala Spinoza en su Ética:
Las afecciones son simultáneamente acción y pasión. En esa medida, las afecciones del cuerpo por medio de las cuales se acrecienta o disminuye, es secundada o reducida, la potencia de obrar de dicho cuerpo, y a la vez las ideas de esas afecciones (...) Cuando podemos ser causa adecuada de alguna de esas afecciones, entiendo por afección una acción; en los demás casos, una pasión. [1]
Un signo, según Spinoza, puede tener varios sentidos. Pero siempre es un efecto. Un efecto es la huella de un cuerpo [2] sobre otro, el estado de un cuerpo en tanto que padece la acción de otro cuerpo: es una affectio, por ejemplo el efecto del sol sobre nuestro cuerpo, que “indica” la naturaleza del cuerpo afectado y “envuelve” sólo la naturaleza del cuerpo afectante. Conocemos nuestras afecciones por las ideas que tenemos, sensaciones o percepciones, sensaciones de calor, de color, percepción de forma y de distancia. [3]
En esta propuesta de “lugar”, las afecciones están acompañadas de ciertos elementos que el lugar desencadena, entre otros, la relación tiempo-espacio. El tiempo, bajo la forma de recuerdo, de memoria y de nostalgia, que trae al presente una afección pasada, una paradoja que introduce de manera simultánea un pasado remoto y un presente. Aquí, la vivacidad del recuerdo no es todo lo que se necesita para que en el lugar se desencadenen las afecciones. Lo que quizá sí sea una condición necesaria es que se dé la relación espacio-tiempo. Pero, no en un criterio perceptual solamente, porque el espacio involucra a las afecciones no solo por las imágenes visuales, sino por los olores, por los sabores, por los sentidos que guardan la experiencia y que vuelcan la afección al lugar vinculándolo con la memoria.
Para Spinoza, nuestros cuerpos poseen la capacidad para transformar en imágenes y conservar en imágenes los lugares y las cosas que se nos escapan en el tiempo, imágenes que almacenamos en la memoria y que activamos por medio del recuerdo. Con las imágenes nos protegemos del flujo del tiempo y de la pérdida del espacio que padecemos en nuestros cuerpos. Los lugares ocupan a manera de imágenes nuestra memoria, como un lugar en sentido transpuesto. De esa manera, la afección está relacionada y ceñida, no a una posición geográfica, sino, a la relación que se produce entre uno o más individuos y una porción del espacio, o en una porción del espacio, acentuando así el carácter ontológico que permite la aparición de los lugares en la línea de los no lugares, de Marc Augé. [4]
Esta definición de lugar está llena de matices, pero básicamente orbita alrededor de la idea de que el lugar y hombre interactúan mutuamente. El lugar participa de la afección de quién está sobre él, son los individuos los que le dan identidad y existencia al lugar, pues cada uno define, y se define en su entorno, especialmente según su pertenencia espacial. Esta relación estrecha permite recuperar la noción de arraigo y supone una dimensión temporal como lo propone José Juan Barba González: “El lugar se inscribe en la duración; es memoria y por tanto tiempo. El lugar así considerado es más que un punto, un nombre o una localización: tiene significación, tiene una identidad.” [5] El lugar nos aparece aquí como el producto de una relación de afección: un espacio se hace lugar cuando en él o con él se mantienen afecciones entre los individuos y los cuerpos. De esta manera podemos definir el lugar como algo que depende del tiempo y del movimiento como lo propone Barba González, en contraposición a su enraizamiento clásico con el terreno. Sin duda, la hipótesis es polémica, pues el lugar relativo a la afección no necesariamente nace de la percepción inmediata de “lo real”, la imagen del lugar puede construirse con los ojos cerrados o bien el lugar sobrevive tan solo como imagen que ya no se corresponde con algún lugar real, o aún más, se construyen imágenes-lugares con el recuerdo o con la imaginación. En su Ética Spinoza advierte:
Siempre que el hombre sea afectado por la imagen de una cosa, la considerará presente aunque no exista, y sólo la imaginaría pasada o futura cuando su imagen vaya unida a la del tiempo pasado o futuro; la imagen de una cosa, considerada en sí misma, es siempre igual, ya se la relacione al pasado, al futuro, o al presente; es decir, el estado del cuerpo, o su afección, es el mismo, ya sea la imagen la de una cosa pasada o futura, ya sea la de una cosa presente; y, por tanto, la afección de gozo o de tristeza será la misma, ya sea la imagen la de una cosa pasada o futura o la de una cosa presente. [6]
Esta condición en la cual siempre está inmersa la afección, hace de ella un elemento que está en movimiento perpetuo. La afección no es estática. La afección no surge de la percepción, no es un proceso fisiológico, porque recordemos, la afección es también pasión. "Spinoza –escribe Deleuze– distingue con mucho rigor la afección y el afecto" [7] "La afección –continua Deleuze– es el efecto instantáneo de una imagen de cosa sobre mí. Por ejemplo, las percepciones son afecciones. La imagen de cosa asociada a mi acción es una afección…" [8]
De esta manera, el lugar no sólo es el escenario para una vivencia natural, sino también una evocación, y una affectio pues hace recordar la propia transitoriedad. Los lugares no son solamente los que habitan los seres humanos. Pueden ser también lugares de la imaginación y del escape, lugares de la utopía. [9] A la imagen del lugar real se contrapone la del lugar imaginario, en el que todo es diferente o donde todo es bueno. Esto ofrece una aproximación a lo que los lugares son en su sentido de afección.
Para este trabajo entonces, las afecciones son signos que inscritos en el lugar conforman el lugar mismo y aparecen bajo el régimen de la memoria y de la imaginación. Recuerdo, evocación, nostalgia e imagen son los elementos constitutivos de los sentidos y de los lugares, y no solo los objetos del mundo. Las afecciones son quienes crean imágenes; el lugar es una entidad construida por afecciones; por vivencias y experiencias y por una serie de relaciones y vínculos. El lugar es por tanto un cuerpo construido por afecciones y son estas afecciones, las que producen un uso del lugar distinto. El lugar entonces no es una entidad física, es más bien un conjunto de experiencias vividas y no vividas, es una serie de significados anclados en esas experiencias, y en la memoria de esas experiencias, así como en el olvido de dichas experiencias. El lugar se muestra aquí, como una entidad absolutamente misteriosa en tanto que no es solo presente, sino también, huella, memoria, imaginación y promesa. El lugar emerge como un significado que resurge bajo el nombre de afecciones. Es en este sentido, que Gordon Matta-Clark, Jannis Kounellis y Roberto Rodríguez, tres hacedores visuales, con contornos difusos aunque relevantes, incomparables en otro momento, se expresan aquí, no sólo en torno a la identidad de los lugares, sino en el sentido y el destino de sus vínculos con estos.
Gordon Matta-Clark: Anarchitecture

La imagen de Gordon Matta-Clark (1943-1978) (Fig. 1), Conical Intersect, de la serie Anarchitecture, 1975,[10] en la que se ve un edificio perforado por el propio Matta-Clark, refleja con bastante precisión la definición de lugar-afección expuesta anteriormente. Para Matta-Clark, el espacio de la afección, como memoria individual que llevamos dentro es una de sus fuentes esenciales de inspiración. El propio Matta-Clark calificó su obra de “un proceso abierto y continuado de mutabilidad del espacio, considerando la luz como nueva medida constante, el muro como límite, el espacio como condición del ser, el cual nos deja una patente noción de totalidad cohesionada, que se fundamenta en la liberación de opresiones y en la ruptura de límites, y que, al formalizarse, transforma todas las realidades.” [11]
En Conical Intersect, Matta-Clark posibilita el encuentro afectivo entre el pensamiento y la materia. A Matta-Clark le interesaban los cortes y la incisión en las edificaciones porque solo ellas pueden revelar las afecciones; el esqueleto y las vísceras de las diferentes edificaciones. Esto le da valor fundamental a la expresión conectada de lugar-afección, apto para revelar su contexto y condiciones de producción. ¿Por qué? Porque “deshacer” construcciones en palabras del artista significaba “abrir un estado de cerramiento que fue preacondicionado no por la necesidad material, sino por la industria que prodiga cajas suburbanas y urbanas como contexto para asegurar un consumidor aislado y pasivo, un público virtualmente cautivo.” [12]
Las afecciones en Conical Intersect no son parte, bajo esta perspectiva, de un estímulo fisiológico, sino son el resultado de un estimulo que se despliega en el tiempo y el espacio, y se inscribe en procesos cognitivos, ideológicos y morales. La experiencia, la acción y el vínculo son lo que aparece cuando Matta-Clark se ve afectado. Se trata quizá de un uso de la arquitectura a partir de los vínculos que el artista establece (afecciones) y de un régimen de significados instalados socialmente. Para Matta-Clark, no se trata de ver la arquitectura como una entidad espacial o funcional, sino como una entidad afectiva y cultural, es decir, el lugar-arquitectura es en la medida en que se realiza y se concreta o bien en una experiencia, en un acto, o bien en un vinculo. El lugar-arquitectura aparece siempre bajo estas condiciones, de otro modo sólo existiría en un conjunto de porciones concretas y singulares del espacio. La arquitectura es significación construida; el espacio en que vivimos, al que somos atraídos fuera de nosotros mismos, es en sí un espacio heterogéneo. No vivimos en un vacío, en cuyo interior puedan disponerse individuos y cosas, vivimos en el interior de un conjunto de relaciones que definen emplazamientos irreductibles entre sí, en ningún modo superponibles.
Como imagen la obra Conical Intersect es una afección que está contenida en el pasado y en presente, es una suerte de condición que desencadena cualquiera de estos dos tiempos. En ese movimiento pendular, Matta-Clark representa el lugar en su encarnación como imagen: la fotografía. La experiencia física de lugares realizada por nuestro cuerpo se reproduce en la construcción de imágenes que nuestro cerebro ha almacenado. En Matta-Clark, este recuerdo se ha propagado hasta convertirse en fotografía. La fotografía que queda como registro del acontecimiento, es un objeto, documento e icono de su propio recuerdo en imagen. Memoria, compuesta de lugares ficticios o reales; construida a partir de un entramado de lugares en los que buscamos aquellas imágenes que constituyen la materia de nuestros propios recuerdos.
En Matta-Clark, la utilización de la fotografía es un aspecto muy importante, no solo como registro, sino como un continuo de la obra; como imagen encarnada que refuerza el carácter de índice. Podemos también, ahora, apreciar la importancia expresiva de la fotografía en las propuestas de este autor.
La segunda de las imágenes de Gordon Matta-Clark que es útil para mis argumentos, es en la que se ve una típica casa norteamericana transportada por el río en una balsa (Fig. 2), y que refleja magistralmente la definición de espacio-lugar-afección. En esta pieza, la afección se produce mediante el vínculo que un individuo puede establecer con su morada, y por ende su capacidad para considerarla como su casa, que normalmente no depende de la ubicación o implantación en el territorio, sino de la relación de afecto que quien la habita establece con la misma, es decir la capacidad que su habitante tiene para dotarla de identidad y por tanto de afecciones.
El proceso de mudanza del espacio que podemos observar en la foto, se apoyaba esencialmente en el vinculo de afectos que un individuo establece con su edificio. El vínculo es por tanto, lo que hace patente la existencia de la afección y simultáneamente la presencia de la imagen. El vínculo se hace afección, desde la afección fisiológica, que para Peirce lleva el nombre de sensación, hasta la afección lógica, que es la significación como tal, o bien en la afección estética, la cual es quizá el ideal que orienta a la acción de Matta-Clark, “En estas obras trato de abordar la no-aceptación del espacio definido por sus barreras arquitectónicas, yendo más allá de ellas hasta encontrar sus límites artísticos, éticos y morales”.[13]
En la obra de Matta-Clark, el vínculo pone en juego al lugar-afección dentro de un conjunto de relaciones que hacen posible la construcción de sentido. Es el conjunto de vínculos en los que está inscrito el lugar-afección, lo que hace que la imagen de Matta-Clark adquiera sentido. Reafirmando la vinculación de afecto de los sujetos con el lugar; el espacio como afección. De esta manera, el vínculo nace de una afección.
Jannis Kounellis: Iglesia de San Agustín 
La obra de Jannis Kounellis es ejemplo donde el lugar se proyecta en el arco de la utopía, como una heterotopía. [14] En línea con lo expresado por Foucault, las heterotopías cumplen una función, que puede ser de dos tipos: o bien funcionan como una ilusión que nos hace ver la realidad física como un espacio ficticio, o bien, crean un territorio tan organizado, estructurado y funcional que toda percepción del ambiente real es de desorden, embrollo y alteración. la propuesta de Kounellis se sitúa en este juego de presencias no manifiestas. Su obra activa huellas: rastros, índices, indicios de dimensiones no evidentes, pero intensamente significativas y por tanto llenas de afecciones. El lugar en su obra, se concibe como sugerencia del inevitable tránsito de las cosas; cambio, metamorfosis, desaparición. Ese registro es visible en primera instancia por los materiales; donde se sitúa ya todo un campo de resonancias en la obra de Kounellis; la relación entre el lugar y lo aportado por el artista.
En Kounellis, el lugar aparece no como un espacio ideal, sino sometido a la manipulación del artista. Los lugares que el hacedor elije para sus intervenciones, poseen la curiosa propiedad de estar en relación con otros usos que la memoria activa, pero de una forma tal que suspende, neutraliza o invierte, el conjunto de relaciones que ellos mismos designan, reflejan o refractan. Estos espacios, que de alguna manera están ligados con los usos para los que originalmente fueron construidos, con la intervención de Kounellis contradicen sin embargo su propia condición. Esto es evidente en la intervención que el artista realizó en la Iglesia de San Agustín, en la Ciudad de México (1999) (fig. 3). En este espacio Kounellis, contrapone los materiales "naturales", orgánicos o inorgánicos, a los artificiales. Estos elementos recurrentes en toda su obra, permiten iluminar todo un juego de sentidos para explicar las relaciones entre el lugar y las afecciones como un tejido que se entrecruza de modo flexible y diverso en los ejes de tiempo y espacio.
En la Iglesia de San Agustín, la disposición de los elementos es escénica: sobre ella gravita el rastro del cuerpo ausente. Y ahí se desencadena la implicación del espectador, a partir de su inmersión corporal y perceptiva, en la que no sólo opera lo visual, sino los otros sentidos básicos. El sonido, el olor y el tacto desempeñan en sus trabajos un papel tan importante como las formas que los vehiculan a la vista. Los sentidos despiertan asociaciones y recuerdos. Y se abre entonces el salto a las afecciones, en el que la memoria del espectador se funde con la del artista, y a través de ello con la historia de la cultura compartida y con la historia del lugar. De esta manera el cuerpo se hace presente cuando en el lugar se desencadenan las afecciones. Las ausencias en la mayoría de sus piezas tienen aquí el contrapeso de la presencia explícita del cuerpo. Es la presencia-ausente del cuerpo en la obra de Kounellis, que hacen pensar en Derrida, cuando en relación a Van Gogh señalaba:
Reconozco como evidente que el cuerpo aparece ahí en un sentido distinto: cuando vemos un cuadro de Van Gogh, el modo en que la obra está impregnada del cuerpo de Van Gogh es irrefutable, y creo que esta referencia a lo que usted llama «cuerpo» forma parte de la obra misma y de la experiencia de la obra. Pero ciertamente yo no lo interpretaría del mismo modo. Creo que existe una innegable provocación que podemos identificar en lo que Van Gogh ha pintado y firmado, y que es tanto más violenta e innegable por cuanto éste no se halla presente. Eso significa que el cuerpo mismo de Van Gogh que impregna sus obras está lo más violentamente implicado e inserto en el momento de pintar porque no está presente durante el acto, porque el cuerpo mismo se escinde o, digamos, se rompe por la no presencia, por la imposibilidad de identificarse consigo mismo, de ser simplemente Van Gogh. [15]
De esta manera, la obra de Kounellis propone despejar las presencias que hay debajo de la representación, más allá de la representación. Su propuesta es un medio de acción directa sobre nuestro sistema nervioso. Creador y publico son participantes de un juego estético que alude y reivindica el trasfondo ritual del arte. El hacedor crea toda una serie de obras, en las que el vehículo es el lugar y que desvelan ese papel del creador como el del chaman en el ritual. En estas obras, Kounellis no sólo reflexiona sobre el lugar, sino sobre su propio pasado cultural, histórico y social, el contraste naturaleza/cultura que aparece recurrentemente en sus piezas no se presenta nunca como "totalidad" expresiva, sino como entidades superpuestas.
Roberto Rodríguez: Tierra abierta 
En el caso de Roberto Rodríguez, la escultura que nos permite relacionar el lugar con las afecciones es Tierra abierta (1996) (fig. 3). [16] El artista realizo esta obra en Québec, Canadá, investigando sobre la flora y los materiales de la región. Rodríguez, construyó esta pieza a partir de la reflexión sobre su pasado, pero en diálogo con el “lugar”. Para él, esta escultura es producto de la reflexión, pero también una respuesta a los sentidos, a las afecciones. En su obra, el intercambio entre experiencia y recuerdos es un intercambio entre lugar y afección. Pues sus recuerdos se superponen con las impresiones sensoriales que el lugar desencadena.

Rodríguez modela e interviene el lugar, de tal manera que entre obra y espacio exterior se genera una dialéctica tan eficaz que la una no puede entenderse sin lo otro. Rodríguez construyó esta obra en una colina; su intención era aprovechar no sólo la mirada de abajo hacia arriba, que permite a la pieza alcanzar una proporción monumental, sino también utilizar los vientos que otorgan movimiento a las pequeñas piezas que cuelgan. Tanto el emplazamiento de la escultura en el terreno como el efecto de movimiento, provocan en el espectador recorridos físicos y visuales, que le permiten interiorizar los conceptos de espacio y tiempo presentes en los discursos de este artista. Con esto, Rodríguez ha podido alcanzar un resultado que en su obra anterior solo era indirecto: hacer el espacio táctil. Y esto ha sido posible cuando las mismas condiciones para recorrer la obra van desarrollándose “en un espacio capaz de corresponderle.”[17]
De esta manera, Rodríguez, enfatiza el espacio mediante su presentación; una superficie de afección que se construye en la medida que se le recorre. Aquí se trata de entender la superficie como desplazamiento, de ver el espacio no como territorio, sino como afección y movimiento, tal y como lo propone Deleuze [18] De esta manera su obra, lejos de presentarse como un fenómeno cerrado, se abre, impregnándose de recursos más propios del acontecimiento y de la escena, lo que le confiere una dimensión significativa; una obra que se gesta por relación háptica; [19] al mismo tiempo se ofrece a la mirada, al tacto y al transito, estrechamente relacionada con el movimiento del cuerpo del espectador, quien tiene que caminar, agacharse, alejarse, acercarse, etc. para la apreciación de la pieza.
El lugar es, en un sentido, lo físico, la tierra o el suelo en el que el artista interviene y que activa su memoria. Es la conexión con el medio físico que lo rodea o sobre el cual se sitúa, que le permite interpretar en términos estructurales y estéticos sus recuerdos, creencias, conocimientos y deseos, concediendo al lugar una posición de entidad anímica y emocional; un espacio sensitivo para el artista; espacio de afecciones.
Recuerdo, imaginación, semejanza, son algunos de los elementos inherentes en el que la afección se ve atrapada. Para Rodríguez, Tierra abierta no sólo está ligada al lugar donde se sitúa, sino también a sus orígenes, cuando en su tierra natal recorría los alrededores. En su obra, las afecciones no son las pasiones que nacen del tiempo presente, sino de un tiempo pasado. En línea con Deleuze, el afecto aquí es independiente de todo espacio-tiempo determinado, pero “no por ello deja de estar creado en una historia que lo produce como lo expresado y la expresión de un espacio o de un tiempo, de una época o de un medio.” [20]
Recapitulando lo dicho en paginas anteriores, cada vez que nos acordamos de una cosa, aunque no exista en acto, la consideramos presente, y el cuerpo es afectado de la misma manera; por consiguiente, recordemos que en tanto que es vivaz el recuerdo de la cosa, "El hombre –escribe Espinoza– experimenta ante la imagen de una cosa pasada o futura la misma afección de gozo o tristeza que ante la imagen de una cosa presente". [21]
En línea con lo expresado por Rosalind E. Krauss, [22] Tierra abierta establece un diálogo múltiple formal, estético, social con el lugar de emplazamiento. Krauss, acuñó la expresión “escultura en un campo expandido” para objetos artísticos en los que la topografía del lugar es parte del sistema escultórico. La preparación o la marcación del lugar implica también una transformación del campo cultural, lo cual supone la inserción del arte a otros ámbitos culturales y su enlace con contextos sociales y políticos.
El efecto que nos produce Tierra abierta, es más bien telúrico, es decir, no es un simulacro del lugar, sino que forma parte de él. En este caso, la interdependencia entre el objeto creado y el lugar es tan potente que los límites entre un contexto y otro se desvanecen en un horizonte común, de tal forma que la metáfora que el artista construye en el lugar se convierte en lugar-afeccion. De esta manera Rodríguez señala otras formas de relacionar el arte con el lugar; por un lado, su escultura se basa en la evocación del paisaje, por otro, el lugar-paisaje es intervenido por la presencia escultórica. Como consecuencia de este proceso, se genera un nuevo paisaje. Un paisaje que activa la memoria, al resignificar elementos del entorno, ubicándolos de una manera que adquieren nuevos significados.
Colofón
De esta manera, Gordon Matta-Clark, Jannis Kounellis y Roberto Rodríguez privilegian los procesos de integración y de simbiosis del arte con el lugar, a partir de una significación más amplia de la que se refiere estrictamente a cuestiones de soportes y materiales; un juego de afecciones dado por la contraposición de tiempos superpuestos; una serie de construcciones artísticas que colapsan la univocidad del sentido, hasta hacer de él un dispositivo complejo de discurso.
Las propuestas de estos hacedores se desplazan de manera simultánea hacia distintos registros conceptuales, sociales y artísticos, no se remontan a un tiempo o lugar definido e inamovible, más bien se diseminan en varias direcciones. Para su lectura, requieren de una cierta pendulación entre la memoria individual y colectiva, y la posibilidad de yuxtaponer en un solo sentido la noción de lugar y afección. Nietzsche habla de una embriaguez, de una “fuerza transfiguradora” que surge de la intensificación de las emociones, la vida aquello que “diviniza la existencia”, tal estado se encuentra en lo más profundo del cuerpo. Y este estado de embriaguez es tanto efecto como causa de la obra de arte.

Fuentes consultadas
Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, Barcelona, Gedisa, 1993.
Barba González, José Juan. “Ciudad genérica y ciudad queer, ponencia presentada en “Mesa 6: Otras facetas de la arquitectura: Jornadas Internacionales de Arquitectura y Urbanismo desde la perspectiva de las Arquitectas”, organizadas por la Universidad Politécnica de Madrid y el Ministerio de la Vivienda, diciembre de 2008, pp. 276- 285. Consultado el 11 de abril del 2010, en http://www.josejuanbarba.com/press/txpdf/Mesa6.pdf.
Brunette, Peter y Wills, David. Entrevista realizada a Jacques Derrida el 28 de abril de 1990, en laguna Beach, California, publicada en: Deconstruction and Visual Arts, Cambrige University Press, 1994, cap. I, pp. 9-32. Tomado de edición digital de Derrida en castellano: www.jacquesderrida.com.ar/textos/artes_del_espacio.htm consultado el 26 de Noviembre del 2010.
Candela, Iria. sombras de ciudad. Arte y transformación en nueva york, 1970-1990, Madrid, Alianza, 2007.
Deleuze, Gilles. Critica y clínica, Barcelona, Anagrama, 2004.
Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. Mil Mesetas: capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-Textos, 1997.
Foster, Hal ed., La posmodernidad, Barcelona, Kairós, 1985.
Foucault, Michel. “Espacios diferentes” en Estética, ética y hermenéutica, Barcelona, Paidós, 1999.
Luneau, Laurent.Un art dans la nature et la nature de l’art”, en la revista Espace Sculture # 38, Montréal, Québec, 1996-1997.
Spinoza, B. Ética, México, Porrúa, 1999.


[1] B. Spinoza, Ética, México, Porrúa, 1999, p. 71.
[2] La definición que utilizo para cuerpo es la que señala Deleuze: “Un cuerpo no se define por la forma que lo determina, ni como una sustancia o un sujeto determinado, ni por los órganos que posee o las funciones que ejerce. En el plan de consistencia, un cuerpo sólo se define por una longitud y una latitud: es decir, el conjunto de los elementos materiales que le pertenecen bajo tales relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y lentitud (longitud); el conjunto de los afectos intensivos de los que es capaz, bajo tal poder o tal grado de potencia.” Véase: Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas: capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-Textos, 1997, pp. 258-268.
[3] Véase “Spinoza y las tres Éticas” en Gilles Deleuze, Critica y clínica, Barcelona, Anagrama, 2004, pp. 192-209.
[4] La definición dada por Marc Augé sobre los “no lugares” permite aclarar en profundidad esta aproximación a la idea de “lugar” planteada aquí; Augé definía los “no lugares” como espacios monofuncionales y compartimentados, caracterizados por una circulación ininterrumpida, poco propicios para las interacciones sociales y por ende clasificados como espacios sin identidad. Si un “lugar” puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un “no lugar”. Véase: Marc Augé, Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, Barcelona, Gedisa, 1993
[5] José Juan Barba González “Ciudad genérica y ciudad queer, ponencia presentada en “Mesa 6: Otras facetas de la arquitectura: Jornadas Internacionales de Arquitectura y Urbanismo desde la perspectiva de las Arquitectas”, organizadas por la Universidad Politécnica de Madrid y el Ministerio de la Vivienda, diciembre de 2008, pp. 276- 285. Consultado el 11 de abril del 2010, en http://www.josejuanbarba.com/press/txpdf/Mesa6.pdf.
[6] B. Spinoza, Ética,  op. cit.
[7] Gilles Deleuze, “Spinoza y las tres Éticas”, op. cit.
[8] Ídem.
[9] Las utopías son emplazamientos sin lugar real. Es la sociedad misma perfeccionada o su inverso. Son espacios fundamentales y esencialmente irreales. En la tradición grecorromana tales lugares llevan el nombre de Arcadia, y en la tradición bíblica el nombre de Paraíso.
[10] Entre 1973 y 1974, un grupo de bailarinas, músicos, videastas, arquitectos y artistas emergentes fueron convocados por Gordon Matta-Clark a reunirse para discutir ideas en torno a la noción de anarquitectura. Más que una posición en contra de la arquitectura (“anti- arquitectura”), el concepto acuñado por Matta-Clark buscaba reflexionar sobre problemas urbanos, sociales y económicos generados por las zonas industriales dilapidadas de la ciudad de Nueva York.
[11] Iria Candela, sombras de ciudad. Arte y transformación en nueva york, 1970-1990, Madrid, Alianza, 2007, pp. 25-40.
[12] Ídem.
[13] Ídem.
[14] Las heterotopías son lugares reales, especie de contra-emplazamientos, de utopías efectivamente realizadas. Especie de lugares que están fuera de todos los lugares, aunque sin embargo efectivamente localizables. Estos emplazamientos, puesto que son absolutamente otros que los emplazamientos que reflejan y de los que hablan, por oposición a las utopías Foucault los llamará heterotopías. Véase Michel Foucault, “Espacios diferentes” en Estética, ética y hermenéutica, Barcelona, Paidós, 1999, pp. 434-435.
[15] Jacques Derrida, entrevista de Peter Brunette y David Wills realizada el 28 de abril de 1990, en laguna Beach, California, publicada en: Deconstruction and Visual Arts, Cambrige University Press, 1994, cap. I, pp. 9-32. Tomado de edición digital de Derrida en castellano: www.jacquesderrida.com.ar/textos/artes_del_espacio.htm consultado el 26 de Noviembre del 2010.
[16] Obra realizada en el Simposium Internacional de Escultura “Jardins et scultures 96” en la región de Bois-Fraecs, Québec, Canadá, 1996. Para mayores datos véase Laurent Luneau, Un art dans la nature et la nature de l’art”, en la revista Espace Sculture # 38, Montréal, Québec, 1996-1997, pp. 21-23.
[17] Gilles Deleuze, Op. cit.
[18] Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas, Pre-textos, Valencia 2002.
[19] La percepción háptica se identifica con la experiencia táctil del entorno a través de la exploración activa, tiene que ver con lo susceptible de tocar. Ver Gilles Deleuze y Félix Guattari Ídem.
[20] Op. cit., p. 146.
[21] Spinoza, op. cit.
[22] En su ensayo “la escultura en un campo expandido”, Rosalind E. Krauss presenta un análisis estructuralista de arquitectura y paisaje, y no-arquitectura y no-paisaje. Este término de escultura en un campo expandido proveía de puntos de referencias a las prácticas que combinaban el paisaje, el arte y la arquitectura (p. ej., las obras de Robert Smithhson, Mary Miss y Sol Hewitt). Véase Rosalind E. Krauss “La escultura en un campo expandido” en Hal Foster, ed., La posmodernidad, Barcelona, Kairós, 1985, pp. 59-74.

Paisajes-memoria. Ruta de lectura para la obra escultórica de Roberto Rodríguez, Xalapa, Veracruz, 1992-2009.


Índice

Índice de ilustraciones…………………………………………………………..…….…2
Abstract……………………………………………………………………………….….4
Introducción...……………………………………………………………………………5
Estado de la cuestión…...………………………………………………………………..6
Problematización…….…………………………………………………………………..9
Justificación……….…………………………………………………………………......9
Objetivos…………………………………………………………………….………….10
Marco teórico…...………………………………………………………………………11
Hipótesis……..…………………………………………………………………………12
Metodología…………..………………………………………………………………...13
Capítulo publicado………………….………………………………….……………….15
Ilustraciones…………………………………………………………………………….40
Conclusiones……………………………………………………………………………45              
Fuentes consultadas…………………………………………………………………….46
Anexo 1 
Índice de ilustraciones
Fig. 1: Roberto Rodríguez, La cosecha, 1992. Ensamblaje y talla en madera pintada con medios acrílicos, obscurecida con betún de Judea y ceniza, 168 x 105 x 13 cm.
Fig. 2: Roberto Rodríguez, Seducción, 1993. Ensamblaje y talla en madera pintada con acrílicos y obscurecida con betún de Judea y ceniza, 210 x 31 x 18 cm.
Fig. 3: Roberto Rodríguez, Tierra abierta, 1996. Ensamblaje y talla en madera de maple pintada con acrílicos, hilo y piel, 400 x 700 x 350 cm.
Fig. 4: Roberto Rodríguez, Tierra abierta (detalle).
Fig. 5: Rimer Cardillo, Cupí, 2006. Instalación permanente, Centro De Arte La Loggia. Ricerca, promozione e sviluppo per L'arte Contemporanea Via Collina / Montefiridolfi, Florence, Italia. Tierra y setecientas piezas en cerámica, a partir de moldes de animales muertos, 200 x 200 x 200 cm.
Fig. 6: Roberto Rodríguez, Urnas funerarias, 2005. Ensamblaje de madera, tela y huesos 160 x 100 x 40 cm.
Fig. 7: Roberto Rodríguez, Espigas, 2010. Ensamblaje y talla en madera de cedro pintada con acrílicos, obscurecida con betún de Judea, medidas variables dependiendo del espacio de exposición (la pieza más alta 220 x 10 x 10 cm., la más chica 170 x 10 x 10 cm.).
Fig. 8: Mariana Velázquez, Bosque de bambúes, 2009. Cerámica de alta temperatura (1280 ° C), con engobe de porcelana o esmalte, medidas variables dependiendo del espacio de exposición (la pieza más alta 200 x 30 x 30 cm., la más chica 150 x 20 x 20 cm.).
Fig. 9: Mariana Velázquez, Ritmo marino, 2009. Cerámica de alta temperatura (1280°C) esmaltada, sesenta piezas, medidas variables dependiendo del espacio de exposición (la pieza más alta 30 x 25 x 25., la más chica 20 x 20 x 20 cm.).
Fig. 10: Graciela Olio, Proyecto Sur, 2008. Instalación de cincuenta y tres piezas de cerámica prefabricada impresa con imágenes transferidas con procedimiento cerámico (1170°C), 400 x 600 x 200 cm.
Fig. 11: Graciela Olio, Proyecto Sur, continuación, 2008. Placas de gres blanco o porcelana impresa con técnicas cerámico-gráficas (1240°C), medidas variables dependiendo del espacio de exposición.
Fig. 12: Graciela Olio, Proyecto Sur, serie Home, 2009-10. Construcción con lámina de porcelana, impresa con fotocerámica y esmalte transparente (1240-1260°C), medidas variables dependiendo del espacio de exposición.
Fig. 13: Roberto Rodríguez, Mudanza, 2007. Cerámica rakú, alambre y madera ensamblada, 152 x 60 x 60 cm.
Fig. 14: Roberto Rodríguez, Montañas, 2009-10. Talla en madera de cedro, pintada con acuarela y medios acrílicos, medidas variables dependiendo del espacio de exposición (la pieza más alta 65 x 70 x 12 cm., la más chica 30 x 45 x 8 cm.).
 Abstract
El concepto unificado de paisajes-memoria en las esculturas de Roberto Rodríguez (1959), pone en operación significantes que entretejen y ramifican nociones como lugar-identidad-espacio-tiempo; un dispositivo de análisis que permite una ruta de lectura, no sólo en relación a valores formales y visuales, sino a su interpretación dentro de los discursos, donde el sentido y significado de la obra es producto del entorno geográfico, cultural y social. En la propuesta de José Juan Barba, el “lugar-paisaje” se inscribe en la duración; es memoria y configuración identitaria, esto permite plantear el concepto de paisajes-memoria como una posibilidad para explorar los aspectos espacio-temporales en la obra de Rodríguez, como en el uruguayo Rimer Cardillo (1944), la argentina Graciela Olio (1959) y la mexicana Mariana Velázquez (1955).
Palabras clave: espacio, tiempo, lugar, identidad, memoria y paisajes.
Introducción
Esta investigación se ha desarrollado para optar por el título de Maestro en Estudios de Arte por la Universidad Iberoamericana. Se inscribe en la modalidad de artículo publicable y responde a la propuesta del libro Estudios de arte latinoamericano y caribeño I, a editarse por la Universidad Iberoamericana, coordinado por la Dra. Olga Rodríguez Bolufé. Esté artículo se incluye en el apartado de Memorias individuales y colectivas, bajo el título de: Paisajes-memoria. Ruta de lectura para la obra escultórica de Roberto Rodríguez, Xalapa, Veracruz, 1992-2010.
El estudio se centró en el análisis del quehacer escultórico de Roberto Rodríguez (1959), entendiendo como tal el marco temporal de los últimos dieciocho años (desde 1992, hasta 2010), en cuyos márgenes se evaluó el proceso de renovación estética que experimenta la manifestación de paisajes-memoria en la obra de este artista. Reconociendo que este tema se verifica como un continuo dentro de su propuesta. El artículo publicado ha sido estructurado como una “ruta de lectura”, lo cual tiene un doble significado, por un lado la noción de “ruta” establece la idea de movimiento, trayectoria y viaje, lo cual está estrechamente relacionado con el recorrido conceptual necesario para valorar el objeto de estudio y los contextos donde se desarrolla la escultura de Rodríguez. Por otro lado, la idea de “lectura” permite ver este estudio como una interpretación representativa de las ideas y los procesos de este autor.
Las notas presentes en el artículo, implican comentarios que profundizan sobre aspectos tratados en el texto o relativos a precisiones necesarias al tema. Por su parte, las ilustraciones comentadas, permiten relacionar las obras en estudio y su contextualización con la propuesta de paisajes-memoria, además de mostrar los vínculos con la obra del uruguayo Rimer Cardillo (1944), la argentina Graciela Olio (1959) y la mexicana Mariana Velázquez (1955). Valga advertir que esta investigación, se ha apoyado esencialmente en el trato directo con el artista y las obras asumidas como objeto de estudio. Por lo que es importante destacar los anexos del presente documento (entrevistas a Roberto Rodríguez y banco de imágenes digitales), los cuales conforman un discurso que amplía el sentido mismo de la investigación, a la par que pueden ser reconocidos como cuerpos de estudio independientes al artículo publicado, que abordan aspectos relativos al pensamiento y la obra de Rodríguez.
Estado de la cuestión
La propuesta de un artículo sobre la obra de Roberto Rodríguez,[1] implicó movilizar el interés de la presente investigación hacia una vertiente de estudio comparativo ligado a la obra de Rimer Cardillo, Graciela Olio y Mariana Velázquez, con el fin de enriquecer los estudios que se han realizado sobre el autor y sobre el tema de paisajes-memoria en Latinoamérica. Este punto de vista toma como antecedente un conjunto de aspectos ya estudiados del artista. En este caso se privilegiaron para su análisis, los ensayos elaborados por Raquel Tibol, Graciela Kartofel, Daniela Becerra, Omar Gasca, Raúl Berdejo, Laurent Luneau, José Manuel Springer y Francisco Vidargas. [2]
Es de gran importancia destacar, que a pesar de la calidad de la obra de Rodríguez, esta no ha sido suficientemente estudiada por lo que no se cuenta con libros específicos sobre su trabajo. La información que existe son ensayos cortos para folletos o catálogos, entrevistas, textos de sala o artículos de prensa, los cuales analizan la obra pero sin el rigor de un trabajo académico. Tampoco existen tesis que se aproximen o que propongan una hipótesis sobre su quehacer escultórico. A continuación se expone un análisis de los textos que en consonancia con el enfoque de esta investigación, han indagado sobre la obra de este autor. Las fuentes que se revisaron parten del archivo personal del artista, pues no se encuentra información sobre su obra en bibliotecas nacionales o internacionales.
El texto de Francisco Vidargas, Memorias de la piel, escultura y obra en papel de Roberto Rodríguez, [3] expone una serie de cuestiones que tienen que ver con la propuesta estética de Rodríguez y su relación con los materiales. El autor señala que su trabajo se apuntala como una propuesta en donde la sencillez de elementos, lo orgánico de sus formas y el sentido del espacio construyen el corpus de la obra. También advierte que algunos elementos de los ensamblajes de Rodríguez evocan una faceta de la herencia mesoamericana, oceánica y africana, a la vez que se acercan a ciertas versiones de “primitivismo contemporáneo”. [4] Sin embargo, no da suficientes bases para validar este argumento. De acuerdo a Vidargas, Rodríguez pareciera seguir los caminos de una tradición tribal cuando incluye en sus trabajos elementos sencillos y comunes junto con objetos poco atendidos e ignorados (palitos, huesos, fibras, hilos), combinados con tela, madera, cerámica y materiales de diferentes orígenes. [5]
Siguiendo a Vidargas, [6] lo abstracto, el paisaje y el uso de las formas orgánicas de tipo vegetal son tres de las principales características que entrelaza la obra de Rodríguez. En particular, advierte cómo lo visual y lo táctil han influido en la exploración del espacio emprendida en su obra. Si bien en este texto se hace evidente la relación que existe entre los materiales que trabaja este artista y el tema del “paisaje”, el autor simplifica el problema al tratarlo principalmente como un procedimiento característico en la obra de este autor y no lo fundamenta a partir de ejemplos concretos.
Otro texto importante de mencionar es el ensayo intitulado: Esculturas, Roberto Rodríguez de Graciela Kartofel.[7]  La autora muestra información relevante e introduce el problema de la memoria en la obra de este autor. Señala, que “este artista transita por los territorios del pasado y el presente simultáneamente y al conducir este par de opciones, ratifica su contemporaneidad.” Para Kartofel, Rodríguez establece nuevas prácticas para el entendimiento del pasado. Esta afirmación se basa en la idea de que la memoria artística, en este caso la obra de Rodríguez, conserva el pasado a través de procesos de selección e interpretación. Kartofel afirma que “la memoria cumple una función para la identidad de un grupo social, favoreciendo su integración. Cada sociedad construye una memoria artística que selecciona lo significativo y le confiere una dimensión en el presente, forjando su identidad a partir de estas características. Siendo este un aspecto importante del quehacer artístico de Rodríguez.” [8] Sin embargo, la autora no ahonda más en el tema y no ofrece argumentos suficientes para profundizar en esta relación.
Existen otros textos que coinciden con las afirmaciones anteriores, pero que introducen algunas pequeñas variantes. Tal es el caso del artículo publicado para la exposición Metáforas de papel, [9] cuyo texto fue realizado por Omar Gasca. En este ensayo, el autor analiza la relación entre lo visual y lo táctil, como una irresuelta tensión entre el espacio expositivo y la escultura. Introduce además algunas alusiones a la sencillez, ligereza, levedad y gravedad, y afirma que las piezas de este artista se identifican con la economía estructural, con el arte povera y, también, con el minimalismo. Hay que hacer notar que este ensayo se realiza para una serie de esculturas en papel, que se sostienen del techo, por lo que Omar Gasca nos invita a ver cómo las piezas no se yerguen, es decir, no se levantan y ponen derechas sino que caen y quedan, por el principio de gravedad. El análisis de este texto permitió conocer las combinaciones plásticas que posibilitan, en las esculturas de Rodríguez, la convivencia de lo orgánico y lo inorgánico, de naturaleza y abstracción.
Como se pude apreciar, la mayoría de autores señalan que las formas orgánicas han sido integradas y reinterpretadas en las esculturas de este artista, de tal modo que producen un espacio que tiene resonancias con el entorno geográfico (el paisaje) y la memoria. Este análisis aporta una dimensión que nos permite dar cuenta de la unidad de visiones en torno al tema, pero también de la necesidad de profundizar en estas afirmaciones. A partir de esta inferencia se establecieron los criterios para el estudio de la obra de este artista.
Problematización
Como se observa en el estado de la cuestión, los textos analizados señalan que la escultura de este autor presenta una interpretación actual sobre paisajes y memoria, que une distintas experiencias artísticas como el uso de materiales orgánicos y el sentido del espacio en la escultura. Estas afirmaciones llevan a plantear las siguientes interrogantes ¿cómo la noción de paisajes-memoria se revela en las esculturas de Rodríguez?  Y ¿Cómo esto ha influido en la exploración del espacio, emprendida en su obra?
Ahora bien, en tanto el marco temporal donde se discute la obra de Rodríguez es el arte latinoamericano de los últimos dieciocho años (1992-2010), que construye un determinado relato artístico, es importante profundizar en la interrogante que nos planteó esta afirmación ¿cómo y desde donde descifrar la obra de este artista?¿Cómo teorizar sobre lo local sin caer fácilmente en las parcelas con las que se suele relacionar algunas prácticas del arte latinoamericano? Además, dentro del contexto histórico, es importante conocer ¿cómo las nociones de paisajes-memoria tejen redes discursivas o representacionales, entre las imágenes escultóricas de Rodríguez con la estructuración de los proyectos estéticos del uruguayo Rimer Cardillo, la argentina Graciela Olio y la mexicana Mariana Velázquez? 
Estas preguntas mostraron un panorama que obligó a poner en primera instancia el análisis de la obra y su contexto. El resultado fue centrarme en la obra de Rodríguez y relacionarla con la de los otros autores, que de una u otra manera, mantienen una conexión que he llamado de similitud en la diferencia. En consideración, busqué mostrar la variedad de imágenes que paisajes y memoria han generado en Rodríguez, Cardillo, Olio y Velázquez, y en forma oblicua, cómo sus discursos estéticos enriquecen las propuestas artísticas de Latinoamérica.
Justificación
El aporte de esta investigación a los estudios de arte es contribuir al conocimiento de la obra que se realiza en la provincia de México, muchas ocasiones olvidada en el análisis centrista del país. Aplicando para su análisis instrumentos críticos y teóricos actualizados, adecuados a la situación de la reflexión historiográfica y estética presente. Este panorama, permitió recrear la obra de Rodríguez con respecto a otras fuentes artísticas, e insertó diferentes miradas a un mismo tema. Lo que permitió analizar su obra, pero también recolocar al autor dentro de su tiempo y contexto, como uno de los artistas plásticos veracruzanos más relevantes, pero poco estudiado dentro del ámbito latinoamericano actual. Esto favoreció el conocimiento de su escultura y su propuesta estética.
Otro de los aportes de esta investigación fue la curaduría de dos exposiciones, una de Roberto Rodríguez para la galería de la Universidad Iberoamericana (2010), otra del conjunto de los cuatro artistas para la galería Celda Contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana (2011), estas exposiciones permitieron contribuir a la difusión de la obra plástica de estos autores. Lo que le da valor fundamental a la expresión conectada de paisajes-memoria, como concepto apto para revelar su contexto y condiciones de producción.
Los objetivos que se plantearon en la investigación son los siguientes:
General:
Determinar cómo influye la noción de paisajes-memoria en la producción escultórica de Roberto Rodríguez.
Particulares:
1.     Analizar el concepto unificado de paisajes-memoria identificado en las esculturas de Rodríguez, como un dispositivo que permite una ruta de lectura, no sólo en relación a valores formales y visuales, sino a la interpretación dentro de los discursos, donde el sentido y significado de la obra es producto del entorno geográfico, cultural y social; un conjunto de relaciones que tejen nociones como lugar, identidad, espacio y tiempo.
2.     Establecer la noción unificada de paisajes-memoria como un dispositivo que permite analizar también el quehacer escultórico de Cardillo, Olio y Velázquez, durante los últimos dieciocho años. 
3.     Realizar un estudio que atiende a una interpretación puntual de los elementos constitutivos de la obra y sus significados desde la perspectiva del “lugar” donde se realiza. Identificando materiales, técnicas y procedimientos, y su relación con las temáticas principales de Cardillo, Olio y Velázquez.
Marco teórico
Lo expuesto anteriormente provocó el interés de valorar la obra de Rodríguez desde el “lugar” donde se realiza, haciendo énfasis en sus componentes geográficos, culturales y sociales. Con esta aproximación y lectura, asumí “el desde aquí” propuesto por Gerardo Mosquera; [10]  un modelo que alude de modo crítico, a cómo los artistas latinoamericanos están haciendo activamente una metacultura, en primera instancia, sin complejos, desde sus propios imaginarios y perspectivas. Para Mosquera, la diferencia se expresa a través de modos específicos de crear dentro de códigos y prácticas plurales, es decir, a través de prácticas artísticas que construyen lo global desde posiciones de diferencia. [11]
            “El desde aquí” de Mosquera me sirve como base para construir la idea de un estudio a partir del lugar donde se realiza la obra; esta idea de “lugar” involucra una posición personal, histórica, cultural y social; se proyecta como un espacio de identidades y por ende, relacionado con la propuesta discutida por José Juan Barba González.[12] Para este autor, el “lugar” se genera cuando se produce una relación entre uno o más individuos y una porción del espacio o en una porción del espacio.[13]  Esta relación permite recuperar la noción de arraigo y supone una dimensión temporal. El “lugar” se inscribe en la duración; es memoria y por tanto configuración identitaria.
Para plantear el análisis y valoración adecuada de la propuesta de Rodríguez, fue necesario contextualizar sus esculturas dentro del espacio latinoamericano; y valorarlo como un fenómeno cultural y artístico plural. La naturaleza polisémica de su obra plástica exigió una lectura dentro de conceptos que se analizaron a partir de las teorías de diversos especialistas:
·      Para los conceptos de “escultura en un campo expandido” se estudió lo expresado por Rosalind E. Krauss.[14]
·      Dentro del análisis del arte contemporáneo se examinaron los textos de Simón Marchán Fiz e Yves Michaud. [15]
·      En cuanto a la globalización se analizó la propuesta de Néstor García Canclini.[16]
·      Para el tema de la memoria se relacionaron los textos de Agnes Heller, Andreas Huyssen, Manuel Cruz y Maurice Halbwachs.[17]
Para la realización de este estudio he partido de la siguiente:
Hipótesis
Principal
A lo largo de la producción escultórica de Roberto Rodríguez se aprecia como una constante la relación entre paisajes y memoria, que en calidad de respuestas posibles resume toda su producción artística y convierte la obra en estudio en un campo reflexivo para comprender su contexto y modos de producción. Lo cual puede ser verificado, sobre todo, a través de un quehacer escultórico que se distingue por el rigor estético y la profundidad conceptual de su propuesta.
Secundarias
1.     El concepto unificado de paisajes-memoria en las esculturas de Roberto Rodríguez, pone en operación significantes que entretejen y ramifican nociones como lugar-identidad-espacio-tiempo.
2.     Las nociones de paisajes-memoria estrechamente asociadas entre sí, funcionan como un instrumento conceptual que más que referir significados cerrados, apunta a diversas direcciones y tránsitos, no limita un territorio, ni marca una sola memoria. No designa una relación estable, sino un movimiento transversal: consiente leer su obra como paisajes que fundan memorias y que generan obras o memorias que dan sentido a la escultura mediante el paisaje no como un territorio, sino como evocación. Esta noción de paisajes-memoria vinculada a la construcción de un modelo de análisis, requiere una cierta pendulación entre la memoria individual y colectiva, y la posibilidad de yuxtaponer en un solo sentido la noción de lugar y paisaje.
3.     Este concepto unificado de paisajes-memoria, abren también, la puerta a consideraciones que permiten la identificación de sus esculturas con las del uruguayo Rimer Cardillo (1944), la argentina Graciela Olio (1959) y la mexicana Mariana Velázquez (1955).
Metodología
Mi basamento metodológico fundamental ha sido el enfoque histórico-valorativo apoyado en los procedimientos de observación, inducción y deducción, así como en el análisis iconográfico de las obras que conforma el objeto de estudio. En este trabajo, ha sido sumamente útil y necesario la revisión de las fuentes secundarias, especialmente el manejo del material bibliográfico de la Universidad Iberoamericana y de la biblioteca del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, las cuales cuentan con un acervo importante relacionado al tema de memoria, arte contemporáneo y globalización. Esto permitió establecer el marco referencial para el estudio de la obra de este artista.
Para las fuentes primarias se revisaron los archivos de documentación del artista; ahí fueron localizados y examinados un sin número de catálogos de exposiciones, incluidos los correspondientes a los otros artistas mencionados. Para esto se contó con permiso del artista para trabajar en su archivo de documentos.
Aún más valioso resultó el trabajo de investigación de campo con las fuentes orales ya que, justamente del diálogo franco y abierto sostenido con Rodríguez, Olio, Cardillo y Velázquez, y el acceso directo a las obras, en sus propias casas y talleres, o en algunos casos mediante fotos y catálogos, en los sitios electrónicos que pudieron ser visitados, permitió analizar la obra de manera directa a partir del marco referencial establecido anteriormente, de lo cual derivó la definitiva selección de la producción artística analizada en la investigación. Dentro de la misma investigación de campo, debe reconocerse, en este sentido, el espíritu de colaboración incondicional que distinguió a los artistas, casi todos consultados en reiteradas oportunidades. Principalmente, se contó con la disposición de Roberto Rodríguez para realizar una serie de tres entrevistas, presentes en los anexos de este documento.
Hay que señalar que, si bien el artista cuenta con un archivo de fotos profesional, no se encontró ordenado cronológicamente y muchas piezas no contaban con ficha técnica. Fue labor de esta investigación catalogar la obra y ordenar el archivo, para lo cual se dispuso del tiempo necesario para llevar a cabo este trabajo.
Finalmente, en la búsqueda de información complementaria, se extendió la búsqueda de datos a los medios electrónicos, sobre todo las paginas electrónicas de los artistas.


[1] Roberto Rodríguez (8 de junio de 1959, Misantla, Veracruz) ha participado en diversas exposiciones en México, Canadá, Estados Unidos, Japón, Italia, Holanda, Brasil, Bulgaria, Dinamarca, Bélgica y Uruguay. Ha sido catedrático del Taller de Escultura de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana en 1992, 2007 y 2008. Actualmente es investigador del Instituto de Artes Plásticas de la misma universidad. Actualmente vive en Xalapa, Veracruz.
[2] Daniela Becerra,El arte de lo natural”. Harper’s Bazar, México, núm. 1, año 18, enero 1997, México, pp. 106-107; Francisco Vidargas,Memorias de la piel, escultura y obra en papel de Roberto Rodríguez”, Cat. Exp. Pinacoteca Diego Rivera, IVEC. Xalapa, Veracruz, 1999, pp. 2-4; “Manuel Velázquez y Roberto Rodríguez: universos paralelos”. Petit Journal, noviembre de 2004, San Miguel de Allende Guanajuato, México, p. 7; Graciela Kartofel. “Multiple Visions, Traveling Art Boxes from Argentina, Mexico and Uruguay”, Cat. Exp., Walsh Art Gallery Quick Center for the Arts Fairfield University. New York, 2006, pp. 4-6; “Esculturas, Roberto Rodríguez”, Cuadernos de Arte, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Tuxtla, Gutiérrez, Chiapas, 2002, pp. 3-5; Omar Gasca,Memorias Habitables, escondite de la evidencia”, Cat. Exp., Jardín de las Esculturas, IVEC. Xalapa, Veracruz, 2006, pp. 2-3; “Reflejos de la naturaleza humana”, Cat. Exp., Entre estudio & Galería, Puebla, Puebla, México, 1997, pp. 2-4; Sueños de la tierra. Cat. Exp., Facultad de Artes Plásticas, UV. Xalapa, Veracruz, 1995, pp. 2-3; “Metáforas de papel”, semanario cultural performance, editorial graffiti. Xalapa, Veracruz, 2008 pp. 7-8; José Manuel Springer, “En galerías: Xalapa”, Excélsior, Arena, suplemento cultural, México, DF, 1999; Raquel Tibol,Cita en Xalapa. Se citaron en Xalapa para constatar diferencias y afinidades, Cat. Exp., Galería Metropolitana, Universidad Autónoma Metropolitana, México, DF. 1996, pp. 4-6; Raúl Berdejo,Caminos de la esencia”, Cat. Exp., Ambassade de France- CCC IFAL, Casa de Francia, México, DF, 2001, pp. 2-4; Laurent Luneau,Un art dans la nature  et la nature de l’art, Espace Sculture # 38, Montréal, Québec, 1996-1997, pp. 21-23.
[3] Francisco Vidargas, Memorias de la piel…, op. cit. p. 2.
[4] El término primitivo ha sido duramente cuestionado por muchos críticos. Gran parte de las críticas recalcan la manera en que este término es utilizado, en ocasiones para nombrar lo no occidental de forma peyorativa, muchas otras para mencionar la apropiación de los artistas occidentales de la estética de las creaciones artísticas de los pueblos no occidentales; unas más para hablar de regresiones sicológicas o de lo que se considera no tecnológico, burdo, salvaje e infantil; estas definiciones, y otras más, expresan con frecuencia calificativos negativos. Muchas de estas críticas surgieron en un principio como respuesta a la exposición Primitivismo en el arte del siglo veinte que se presentó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1984. Adam Leonhard, ¿Qué es el arte primitivo? México, Novaro, s.a. colección quiero saber, traducción de Berta Taracena, 1962. William Rubin, Primitivism in 20th century art, Affinity of the tribal and the modern, New York: Museum of Modern Art Boston, 1984. Robert John Goldwater, Primitivism in modern art, Cambridge: Belknap Press of Harvard University Press, 1986. Colin Rhodes, Primitivism and modern art, London: Thames and Hudson, 1994. Charles Harrison, Primitivismo, cubismo y abstracción, los primeros años del siglo XX, Madrid: Akal, 1998.
[5] Ídem.
[6] Francisco Vidargas, op. cit., pp. 2-4.
[7] Graciela Kartofel, “Esculturas, Roberto Rodríguez…”, op. cit. p. 3.
[8] Ídem.
[9] Omar Gasca, “Metáforas de papel”…, op. cit. pp. 7-8.
[10] “El desde aquí” de Gerardo Mosquera supone una transformación epistemológica en la base de los discursos artísticos que consiste en el cambio de una operación de incorporación creativa (teorizada por la apropiación) a otra de construcción internacional directa desde una variedad de sujetos, experiencias y culturas. Véase “Contra el arte latinoamericano”, entrevista a Gerardo Mosquera por Juan Pablo Pérez Roca en "¿Podemos seguir hablando de arte latinoamericano?”, número 91 de la revista Ramona, Juan Pablo Pérez Roca, ed., Buenos Aires, Fundación Start, Junio 2009, p. 5-7 (Disponible en: arte-nuevo.blogspot.com/.../ramona-91-podemos-seguir-hablando-de.html consultado el 29 de abril 2010).
[11] Véanse Gerardo Mosquera, et al., “Presentación”, Ante América, Bogotá, Colombia, Banco de la República, Biblioteca Luis-Ángel Arango, 1992, pp. 3-5; Gerardo Mosquera, et al., "El arte latinoamericano deja de serlo", Madrid, ARCO Latino, 1996, pp. 7-10; Gerardo Mosquera, ed., “introducción” en Foro Latinoamericano, op. cit., 1999, pp. 20-21 y “Contra el arte latinoamericano”, entrevista a Gerardo Mosquera, op. cit, 2009, pp 5-7.
[12] José Juan Barba González, Ciudad genérica y ciudad queer, ponencia presentada en “Mesa 6: Otras facetas de la arquitectura: Jornadas Internacionales de Arquitectura y Urbanismo desde la perspectiva de las Arquitectas”, organizadas por la Universidad Politécnica de Madrid y el Ministerio de la Vivienda, diciembre de 2008, pp. 276- 285. Consultado el 11 de abril del 2010, en http://www.josejuanbarba.com/press/txpdf/Mesa6.pdf.  
[13] Ibíd., p. 278.
[14] Rosalind E. Krauss “La escultura en un campo expandido” en Hal Foster, ed., La posmodernidad, Barcelona, Kairós, 1985, pp. 59-74.
[15] Simón Marchán Fiz, Del Arte objetual al arte de concepto (1960-1974), 3ª. Edición, Madrid, Akal, 1986. También: Yves Michaud, “Introducción” y “Pequeña etnografía del arte contemporáneo” en Yves Michaud, El arte en estado gaseoso, Colección Breviarios no. 555, México, FCE, 2007, pp. 9-23 y pp. 25-56. 
[16] Néstor García Canclini, Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, México, DF, Grijalbo, 1990, p. 39.
[17] Agnes Heller, Memoria cultural, identidad y sociedad civil, Tenerife, Foro de Investigaciones Sociales, Indaga, 2001; Andreas Huyssen, En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización, México, Fondo de Cultura Económica, 2002; Manuel Cruz, ed., Hacia dónde va el pasado. El porvenir de la memoria en el mundo contemporáneo, Barcelona, Paidós, 2002; Maurice Halbwachs, Los marcos sociales de la memoria, Barcelona, Anthropos, 2004, pp. 326-328.