sábado, 23 de julio de 2011

Anima Mundi Colectiva gráfica



Anima Mundi
Colectiva gráfica
Del espumarajo negro que la noche vomita
nace el búho.
Dos estrellas
sus asombrados ojos.
Tibio montón de plumas en la rama,
el búho brota
del silencio nocturno.
Anima Mundi
Efraín Bartolomé

Existe una prolífica vinculación histórica entre las artes visuales y la literatura; a veces como acompañantes o correlatos en forma de crítica o ilustración, pero también como fuerzas creativas autónomas detonantes de ciertas experiencias que bien pueden ser expresables en uno, otro o ambos lenguajes. A partir de la muestra Anima Mundi, actualmente en exhibición en el Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC), se plantea la interpretación y reflexión en torno a la creación literaria de Efraín Bartolomé como punto de partida para la creación de obra gráfica.
De acuerdo a Nietzsche, “interpretar un texto no es darle un sentido (más o menos fundado, más o menos libre), sino por el contrario apreciar el plural de que está hecho”. Durante siglos, los pintores se han inspirado en temas literarios para realizar sus composiciones, y los poetas han intentado conjurar imágenes que se creía que sólo las artes plásticas podían transmitir de forma adecuada. Si el texto, y en especial, la poesía, es la relación de sus partes con el lector y el oyente y así construye su sentido, también las obras visuales suelen componer un sentido más allá de su límite material. En una interpretación visual, la complejidad del texto literario estará siempre presente, fuera de la inmediatez de sus representaciones icónicas.
La exposición Anima Mundi, reúne a 12 artistas visuales radicados en Xalapa. Estos artistas trabajaron sobre una serie de textos inéditos, de la obra literaria del mismo nombre, realizada por el poeta chiapaneco Efraín Bartolomé. Esta exposición presenta a la obra gráfica y la literatura en una estrecha relación. Basta una ojeada a la obra de Federico López, Yarim Gómez, Gerardo Vargas, Belinda Ugalde, Jerónimo Rosales, Daniela Rivero, Israel Barrón, Adán Paredes, Laura Zaldívar, César Aguilar, Aram Huerta y Aldo Peralta para convencernos de que la poesía y la gráfica emulan fraternalmente metas y medios de expresión. Se trata especialmente de coincidencias sincrónicas, de intereses comunes, traducciones e interpretaciones entre diferentes medios artísticos.
Una de las líneas de desarrollo de esta exposición es el seguimiento de las coincidencias estilísticas y temáticas de estos autores a partir de la literatura. Esta exposición aborda la relación artes visuales-literatura desde un doble enfoque. Por una parte, se ocupa de algunos textos literarios de Efraín Bartolomé que los artistas plásticos han interpretado. Por otra parte, dilucida la función del artista plástico (en sentido amplio), tratando de establecer conexiones entre ellos y el poeta.
El montaje de la exposición en las áreas verdes del JEX, permite relacionar de forma abierta una obra con otra y al mismo tiempo, relacionar el conjunto de piezas con el espacio, lo cual agrega una lectura más al texto literario: la del observador. Esta lectura podría ser descrita como subliminal si no nos detenemos frente a los textos explicativos o si no miramos los textos literarios. Cada disposición de las obras en el espacio abierto, compone una narrativa significativa, que suele exigir el movimiento del cuerpo del espectador, que tiene que trasladarse aun que brevemente, de un lado a otro para la observación de la muestra. Escritura, dibujo, pintura y gráfica más allá de ser construidos sobre líneas, son lenguajes cuya comprensión necesita de un conjunto de conocimientos técnicos, históricos y sociales que se construyen en el imaginario del publico.

Manuel Velázquez
Junio 2011



Centre-choc, una exposición nómada del Atelier Presse Papier, de Trois-Rivières, Québec, Canadá



Centre-choc, una exposición nómada del Atelier Presse Papier, de Trois-Rivières, Québec, Canadá

El Atelier Presse Papier surgió en 1979 de la convergencia de jóvenes artistas apasionados por la estampa y el arte. Este atelier es un centro de arte y lugar de creación dedicado a la estampa contemporánea, fundado en Trois-Rivières gracias al dinamismo y a la actividad cultural de estudiantes egresados de la Universidad de Quebec. Actualmente Presse Papier agrupa artistas dedicados a las artes gráficas y multidisciplinarias, quienes difunden su trabajo más allá de sus fronteras, tanto en la escena nacional como en la internacional.
Hoy en día Presse Papier es un taller de estampa contemporáneo y polivalente. En sus inicios, el taller agrupaba a once jóvenes grabadores, actualmente representa a una treintena de artistas multidisciplinarios de Trois-Rivières. La proyección de varios de sus miembros en la escena profesional regional, nacional e internacional, da testimonio de la aportación de este centro artístico, que ocupa una importante posición en el plano del arte actual, como lugar motivador de proyectos artísticos interdisciplinarios. La sólida trayectoria de sus miembros y colaboradores ha hecho que el atelier Presse Papier sea considerado una referencia, tanto para artistas canadienses como extranjeros siempre interesados en la importancia de la estampa como medio de investigación en el arte contemporáneo.
Para celebrar sus treinta años de existencia, el atelier Presse Papier propone la exposición Centre-choc, una exposición itinerante de un grupo de grabadores del atelier, que se presenta en el Jardín de las esculturas de Xalapa (IVEC) en el mes de julio. Esta exposición se realiza en colaboración con la Delegación general de Québec en México y ha itinerado por diversas sedes del país. La exposición Centre-choc parte de una preocupación sobre temas relacionados con la dualidad, la complementación, la divergencia de opiniones y la complicidad. En este desafío el resultado es un trabajo en equipo, a partir de una sana confrontación entre los artistas participantes, que trabajaron con una temática inscrita en el contexto actual de las grandes preocupaciones del mundo: los choques culturales y la lucha social con una visión intergeneracional.
La exposición Centre-choc pone en escena doce encuentros artísticos que desarrollan el tema de la fragilidad, el equilibrio, la injusticia, la naturaleza, el juego y la tolerancia. Presentado doce trípticos que confrontan las diferentes percepciones de la vida, de la felicidad y de la belleza (también de los derechos, de las ausencias y de los compromisos como artistas y ciudadanos). Estas obras mediante su gran formato se acercan a una relación corporal con el espectador provocando una pluralidad de reflexiones.
Los veinticinco artistas, miembros de Presse Papier presentes en esta exposición, aceptaron asumir el desafío de trabajar sobre una misma obra en equipo, en dúo o en trío, jugando y confrontando sus imaginarios. Esta exposición permite al público descubrir obras variadas, únicas y sorprendentes. Son reveladoras de preocupaciones artísticas actuales y de las nuevas tendencias plásticas, que dan hoy al grabado fuerza e importancia. Las obras realizadas para esta exposición son de técnicas diversas, todos los trípticos incluyen una intervención en serigrafía, xilografía o aguafuerte.
La exposición Centre-choc muestra la vitalidad del Atelier Presse Papier, como un espacio común de investigación y de creación a orillas del río San Lorenzo donde se frecuentan e intercambian ideas, un sin numero de artistas.
Esta exposición en el JEX, presta atención especial a propuestas de arte actual basadas en temáticas que ponen a dialogar artistas locales, nacionales e internacionales, de tal manera que permite crear una reflexión permanente sobre la relación de nuestro arte con el arte internacional. Apostando por introducir nuevas reflexiones en el ámbito artístico local.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz, junio 2011

Frontera Mónica Hernández



Frontera
Mónica Hernández 
La frontera es generalmente diferente en sus dos partes, vista de allá y de acá. La noción de frontera demanda paradigmas explicativos que consideren la dimensión del encuentro con “el otro”, el establecimiento de distinciones de varios órdenes y la consecuente afirmación de “alteridad”. Coexisten entonces en esta noción, intercambios de conceptos, como un espacio para defender y compartir territorios; zona de confluencia, circulación, reciprocidad o avasallamiento. En nuestro tiempo, el tiempo de un mundo global, no hay límites sino fronteras.
Las múltiples significaciones de la frontera no escapan a las prácticas artísticas. La visión y la conceptualización de la frontera es un asunto que preocupa a muchos creadores contemporáneos. La frontera en el arte ha de entenderse como región de influencia, zona de discusión y encuentro. La internacionalización gradual y creciente del arte contemporáneo –tanto en su dimensión matérica, como en su dimensión simbólica– ha reforzado el progresivo desvanecimiento de los límites otrora nítidos que demarcan, en el campo sensible, sus diversos espacios. La disolución de bordes deconstruye las asociaciones inmediatas y perennes entre territorio, sociedad y cultura, y contradice, por eso, nociones esencialistas de expresión identitaria.
El traspaso del límite entre arte, naturaleza y cultura, es el señalamiento de la ambigüedad que atrapa el núcleo crítico de la propuesta de Mónica Hernández, expuesta en el Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC) en los meses de julio y agosto. La obra Frontera propone transgredir el límite para recuperar el valor y el significado de la “diferencia” en la construcción de la identidad. Los límites sirven a la vez para proteger, para contener todo desborde, pero también para sujetar en el sentido de atrapar, para "capturar" y limitar. Frontera de Mónica Hernández, sirve a la vez para mostrar su grado de exclusión, para rodear, sitiar, lo que se excluye-incluye: la naturaleza y el arte.
La sutileza de la línea que traza la obra de Mónica Hernández, marca un deseo de identidad que es a su vez, la exaltación de un espacio frágil. Esa fragilidad parece contradecir el peso de lo que invoca; la ausencia de quienes portaron esas ropas. Es en esa tensión, de formas suspendidas sobre la naturaleza que encuadra, que se mantiene sin solución la significación del territorio, del paisaje; la contradicción del espacio que se pierde o se recupera. El cerco no puede con el espacio pero se le interpone en una tensión de formas. Frontera evita el transito, al mismo tiempo en que lo estimula. La instalación de Mónica Hernández invita a un juego donde la identidad, la naturaleza y el arte tienen que volverse a interpretar, pero no verbalmente como una máxima o una cita, sino que ha de surgir una noción integral a partir del movimiento físico que realiza el espectador. Frontera es una pieza contradictoria en sí misma y, en consecuencia, expresión de nuestro tiempo. Entendiendo esto como un proceso de creación que deja la obra abierta a sus significaciones y a la pluralidad de lecturas.
La obra de Mónica Hernández está tocada por el imperio de lo ambiguo. La artista saca partido de esa ambigüedad. Frontera no sólo se instala en un lugar, demarca y habita el territorio, pero requiere de la imaginación del otro para imprimir un significado. Frontera no está sujeta ni a los formatos, ni a los modos, ni a los soportes de las disciplinas artísticas tradicionales, de tal modo que ni siquiera la denominación de “arte povera” o “instalación” sirven del todo para clasificar esta producción que profundiza en distintas sensaciones físicas y visuales, al tiempo que señala de forma lúdica los graves problemas humanos, sociales y políticos de nuestro tiempo.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz, julio 2011


lunes, 27 de junio de 2011

La obra de Mariana del Campo


Apropiación, simulacro, intertextualidad y nueva realidad en la obra de Mariana del Campo

La práctica artística de Mariana del Campo está vinculada a procedimientos propios de la re-fotografía; obsesión por la imagen en su “artificialidad” fotográfica. Fotografías de fotografías, re-fotografías que se convierten en signo del agotamiento de la imagen; incapaz de reflejar lo real, condenada a repetirse al infinito. Desaparición de la noción de originalidad y creatividad artística.
Un gesto del discurso anónimo de nuestra era; la desaparición del aura en la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, señalada por Walter Benjamin.
En su próxima exposición en el Jardín de las Esculturas de Xalapa, Mariana se apropia no solamente de imágenes u objetos provenientes del mundo del arte o del consumo, sino también de algunas teorías que intentan dar cuenta de la creciente complejidad del universo de imágenes generadas por internet. Se apropia de todo: “rapta” fotografías, ilustraciones, diseños, carteles, publicidad y textos. Su obra es la traducción en el discurso fotográfico del grado Xerox de la cultura; la copia de la copia, la puesta en escena de la simulación como modus operandi, que se convirtió en el procedimiento preferido de una serie de artistas de comienzos de la década de los ochenta; a raíz de la exposición colectiva titulada Pictures, en la cual participaron Troy Brauntuch, Robert Longo, Sherrie Levine y Cindy Sherman en la ciudad de Nueva York. Este movimiento refutó la idea del creador único, afirmando que el mundo contemporáneo es una gran fábrica de producción y reproducción de imagen y de cultura. Por tal motivo tomó el nombre de la compañía más grande de copiado de aquella época: Xerox.
Mariana, utiliza la fractalidad dentro de la simulación, sus imágenes se reproducen dentro de sí mismas una y otra vez, utilizando como medio el collage digital. La dirección principal es el movimiento, el juego, la nostalgia y el azar. Se trata también de traslados, interpretaciones, paráfrasis o parodias, mediante las cuales su trabajo mezcla lo pensado y lo expresado, lo visto y la ilusión. Las re-fotografías de Mariana dan cuenta de un universo donde las referencias y los referentes han desaparecido, es paradójico pensar en sus imágenes como una práctica artística relacionada con la memoria. Sus obras transversalmente son referencia del pasado y al mismo tiempo simulacros. Copias de copias, mapas de mapas, cartografía de una memoria inexistente pero presente. En un proceso que afecta no sólo a las imágenes, sino a su propia recepción; termina afectando no sólo al universo del creador sino a las propias imágenes que lo narran. El sentido evocativo estimula al receptor con asociaciones diversas, a modo de una obra abierta en la que no existe literalidad y donde la experiencia, cultura e imaginación del espectador serán los factores que, desde lo conceptual y lo perceptual, permitan una interpretación a partir de la imagen. Un pastiche digital que se asocia con la manipulación, la introspección y la incorporación de diversos planos de realidad. Pareciera que detrás de las imágenes sólo encontramos otras imágenes, una deriva que tiene mucho que ver con procedimientos de cita o de parodia. El concepto de simulacro en la obra de Mariana permite repensar el sentido de realidad, una realidad que se confunde y se torna indiscernible. Parafraseando a Barthes, “a lo que nos enfrentamos es a la simulación como procedimiento”.
La obra de Mariana, está vinculada a un espacio donde la apropiación clausura a la representación sustituyéndola por la intertextualidad. Mariana, genera efectos referenciales que no son más que un simulacro, en el sentido deleuzeano "El simulacro no es una copia degradada; oculta una potencia positiva que niega el original, la copia, el modelo y la reproducción." Un efecto perverso en términos de referencialidad, ya que estas imágenes nos invitan una y otra vez a especular más allá de la lógica de la representación; en un juego de referencialidad pero con ausencia de referentes. La imagen, nos remite a su propio carácter de simulacro. Paradójicamente, es una especie de metalenguaje poético, que nos confronta con el objeto perdido, con el objeto del deseo.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz, Mayo 2011

lunes, 20 de junio de 2011

Memoria-papel




Luis Josué Martínez Rodríguez
Por mi estética hablará mi ética

Hoja volante en papel minagris impreso en offset
21.5 x 28 cm.
2011

Memoria-papel
Exposición nómada entre Paraguay y México
Inauguración Ágora de la Ciudad, 23 de junio 20:00 horas.

La exposición Memoria-papel reúne la obra de cinco artistas paraguayos y cinco mexicanos, quienes trabajaron a partir del tema de la memoria individual o colectiva; identificando en cada propuesta la relación con el entorno geográfico e histórico. Se trata de una exposición itinerante que visitará las ciudades de Asunción, Paraguay y Xalapa, México. Cada artista participa con dos obras realizadas en un soporte de papel no mayor a 150cm. cada una, en cualquiera de sus lados. La idea es mostrar un soporte común como el espacio sensitivo en que cada artista propone su visión de la memoria. La muestra está diseñada para viajar por correo a cualquiera de sus sedes.
Para la realización de la curaduría primero se revisó el dossier de los artistas convocados, principalmente fotografías y folletos, así como otras fuentes que permitieron ampliar el conocimiento sobre la obra de cada autor. Para esto se contó con un comisario responsable por cada país. La intención es la de propiciar el intercambio internacional para establecer un diálogo que puede ser de confrontación, confusión y sorpresa o de cercanía, coincidencia e incluso, simbiosis.
Lo que interesa en esta exposición es favorecer el conocimiento del arte contemporáneo que se realiza en México y Paraguay, y con ello, contribuir a la difusión de la propuesta estética de los artistas seleccionados, proporcionando instrumentos museográficos actualizados y adecuados a la propuesta estética de cada autor. La muestra tiene el propósito de analizar diversos aspectos del arte contemporáneo mexicano y paraguayo, relacionados con la memoria, atendiendo a argumentos teóricos y a problemas de interpretación, a partir de un soporte común: el papel.
El papel, mediante sus variadas texturas, colores y sus posibles combinaciones, es el recurso ideal para cercar y enfrentar el trabajo de estos creadores. La observación, el descubrimiento y juego con la materia son los sustentos del intercambio, que se procura en un ámbito abierto a distintas interpretaciones. Exponer el papel como soporte de la obra en sus características táctiles y visuales, acompañado de las múltiples relaciones conceptuales entre creadores es el interés de esta muestra. Las modalidades de participación son pintura sobre papel (óleos, acrílicos, acuarela, técnica mixta, etc.), fotografía digital impresa sobre papel y estampa sobre papel (grabado, serigrafía, litografía, etc.).
La obra de estos creadores presenta una zona común para dialogar entre el papel que tiene su propia forma y la memoria que también detenta su propio proceso. Los dos encuentran la estructura de convivencia desde la configuración original de cada creador. Invitando al espectador a reconocer conexiones entre materiales de procedencia natural y materiales de origen industrial: ambos reaccionan a la manipulación.
            La exposición Memoria-papel se celebra durante el mes de junio de 2011 en el Ágora de Xalapa y en el mes agosto en Asunción Paraguay.



jueves, 16 de junio de 2011

Trazos de paisajes en la obra de Roberto Rodríguez



Trazos de paisajes en la obra de Roberto Rodríguez

El paisaje en la obra de Roberto Rodríguez (Misantla, Veracruz, México, 1959) hace parte de la experiencia de la memoria: la reflexión sobre los lugares experimentados, íntimos, tiene la capacidad de rebasar sus referentes físicos y permitir que la escultura se convierta en paisajes. Sin reproducir la naturaleza sus piezas encierran la emoción que ésta produce, y son expresión y reflexión de su memoria. Su obra activa huellas: rastros, índices, indicios de dimensiones no evidentes, pero intensamente significativas. El paisaje en su escultura se concibe como sugerencia del inevitable tránsito de las cosas; cambio, metamorfosis, desaparición. Este registro es visible por los materiales que utiliza y por el tratamiento de las superficies, donde se sitúa un campo de resonancias: la relación entre el material y lo aportado por el artista. La propuesta de Roberto es presentar formas relacionadas a elementos terrestres: montañas, árboles, plantas y semillas en un juego entre abstracción, formas vegetales y terrestres.  
Para Roberto, el lugar de exposición aparece no como un espacio ideal, sino sometido a su manipulación; no lo concibe como una condición neutra e indiferente, sino como una de las principales experiencias de su obra, que requiere para ser apreciada del movimiento físico y de la duración temporal. En esta muestra, Roberto contrapone las formas orgánicas de sus esculturas a las geométricas dadas por el espacio arquitectónico. Estos elementos, permiten explicar las relaciones entre paisajes y memoria; un tejido en el que se entrecruza de modo flexible y diverso el tiempo y el espacio.
Desde 1992, los cambios que se dieron en el trabajo escultórico de Roberto, significaron la ruptura total del bloque cerrado y la apertura del mismo hacia el exterior. Al eliminar la base o pedestal y acercar la escultura al suelo, dio paso a un ámbito que abarca el espacio del tránsito, de la circulación, la escultura pasó de ser contenida a ser continente y se acercó a la arquitectura para participar en ella. La incorporación del espectador en su obra, en esta muestra se establece de manera explícita, a través del recorrido que debemos realizar para su apreciación. La dimensión espacial determina un itinerario y estipula un tiempo deambulatorio. El espacio se experimenta en tiempo real: el cuerpo se mueve, los ojos están en constante oscilación variando sus distancias focales y fijando las imágenes.
El montaje en este espacio, supone un sistema de apertura y clausura, que a su vez aísla y hace penetrables las obras; es ahí donde se desencadena la implicación del espectador a partir de su inmersión corporal y perceptiva, en la que no sólo opera lo visual, sino el espacio, el transito y el tacto, que desempeña en sus trabajos un papel tan importante como las formas que los vinculan a la vista. La relación entre mirar y tocar explica por qué sus piezas se encuentran en tensión y ruta entre lo pictórico y lo escultórico, y entre arquitectura y escultura. Estas ambivalencias semánticas y morfológicas, le permiten ampliar los resortes comunicativos con el público. Los sentidos despiertan asociaciones y recuerdos, en el que la memoria del espectador se funde con la del artista y a través de ello con la historia de la cultura compartida. Los recursos plásticos y los criterios de montaje están puestos en función de resaltar la relación de la escultura con el espacio expositivo. De esta manera, el paisaje se hace presente en la escultura en la instalación de la obra.
La obra de Roberto rompe los límites de la escultura tradicional. No pertenecen ni a "la pintura", ni a "la escultura". Pero se nutre de ambas, además de su memoria, en un proceso plástico de organización escénica del espacio. El resultado es un registro "envolvente", donde el espacio arquitectónico de la galería es parte activa.
Los materiales orgánicos e inorgánicos, lo visual y lo táctil, el espacio y el tiempo, la escultura y la cerámica, se articulan y confrontan, mediante una visión que, lo mismo que la memoria, selectiva y accidental rescata partes y motivos, y los mezcla en un registro abierto y expansivo. Lo que a primera vista puede parecer accidental, está en realidad revestido de una fuerte determinación expresiva, con lo que se alude a un intenso registro polisémico, tanto de los materiales como de sus posibilidades de interpretación. Las esculturas aquí presentadas suponen el resultado de un encuentro entre artista, memoria y paisajes, que permiten a Roberto, asumir lo múltiple, presentando propuestas artísticas que exigen rituales y símbolos propios.      
En la obra Espigas (presente en esta exposición), Roberto lleva al límite el carácter estético de la madera, la cual constituye uno de los núcleos de desarrollo de su obra, no sólo como material en sí mismo, sino a través de sus transformaciones visuales y táctiles. La madera tiene el atractivo de ser una materia viva. Es dura y resistente pero cálida a la vista y al tacto. Estas peculiaridades inciden en el trabajo escultórico de Roberto. El resultado final está relacionado con el método de trabajo y la herramienta que utiliza (algunas veces construidas por él). Por ello, muestra la madera combinada con una monocromía que refuerza sus características texturales.
En Espigas, el color es añadido, la madera esta trabajada de tal forma que transmite una sensación de fragilidad. Otra cualidad de Espigas es el espacio como recipiente, éste se extiende entre sus esculturas, las contiene, y es el requisito previo para poder acceder a ellas. En sus montajes e instalaciones el artista busca que el público recorra el espacio entre las piezas, ya que para la apreciación de las mismas es importante la cercanía del sujeto y su concentración. Para Rodríguez: el espacio preexiste en su obra, es a priori, es la condición que se requiere para su conocimiento, ya que si su obra existe en el espacio, este es condición esencial. En Espigas la mayoría de los elementos son literales. El espacio existe, el material se muestra como es; la escultura se caracteriza por su naturaleza física, y de proporciones cercanas a la escala humana.
En Montañas (también presente en esta exposición), Rodríguez evoca una suerte de paisaje inspirado en el entorno geográfico de su infancia. En esta obra, el artista trabaja con materiales que dan apariencia textural, al mismo tiempo que utiliza la acuarela para crear un juego muy sutil con los efectos de transparencia. Este conjunto de piezas, configuran un interesante repertorio de imágenes que combinan lo pictórico con lo escultórico, están pintadas con trazos espontáneos y con colores de una peculiar paleta, donde los tonos se combinan y se mezclan, y su apariencia depende básicamente de cómo incida la luz en ellos. Aquí, su obra se hace más sintética; casas, surcos, senderos, caminos y montañas acaban condensados en trazos, líneas, tramas y signos. En esta escultura todas las piezas están unidas en un todo único; ninguna de ellas puede aislarse. La luz uniforme y difuminada de la galería ayuda a que la multiplicidad de unidades independientes pueda equilibrarse entre sí.
Montañas, supone un relevo entre el taller, donde las esculturas se producen, y la exposición, donde se hacen efectivas para otros: las esculturas son la memoria, y su instalación en la galería es el paisaje. Es en este conjunto de aproximaciones donde Roberto, se ha liberado de los esquemas que mantenían aislada a su escultura en el pedestal, en un espacio privativo donde el espectador no podía transitar; para invadir el ámbito expositivo, conquistando el terreno donde el publico se mueve; enfatizando el espacio mediante su presentación; una superficie que se construye en la medida que se le recorre. Su obra, lejos de presentarse como un fenómeno cerrado, se abre, impregnándose de recursos más propios del acontecimiento y de la escena, lo que le confiere una dimensión significativa, adaptándose a las circunstancias del entorno arquitectónico. Una obra, que se gesta a través de la exploración activa; al mismo tiempo se ofrece a la mirada, al tacto y al transito, estrechamente relacionada con el movimiento del cuerpo del espectador, quien tiene que caminar, agacharse, alejarse, acercarse para la apreciación de la pieza.
Para Rodríguez el despliegue multidireccional de su escultura, al integrar al espectador y al recorrido en parte de la misma obra, refuerza la idea de "mixtura" no siempre previsible y armónica, que es el resultado de la mezcla de viejas y nuevas prácticas artísticas. Esta idea de mixtura, ayuda a crear una autoconciencia donde nociones como lugar, espacio, tiempo e identidad se convierten en un modo de reinventar la escultura. Su propuesta es un medio de acción directa sobre nuestro sistema nervioso. Creador y publico son participantes de un juego estético que alude y reivindica el trasfondo ritual del arte. El contraste naturaleza/cultura que aparece recurrentemente en sus piezas no se presenta nunca como "totalidad" expresiva, sino como entidades superpuestas. En las obras expuestas aquí, Roberto no sólo reflexiona sobre el paisaje, sino sobre su propio pasado cultural, histórico y social.
Para Roberto la escultura posee la capacidad para transformar en imágenes y conservar en imágenes los lugares y las cosas que se nos escapan en el tiempo, imágenes que almacenamos en la memoria y que activamos por medio del recuerdo. La respuesta del público ante esto, está acompañada de ciertos elementos que la obra desencadena, entre otros, la relación tiempo-espacio. El tiempo, bajo la forma de recuerdo, de memoria y de nostalgia, una paradoja que introduce de manera simultánea un pasado remoto y un presente. Pero, no en un criterio perceptual solamente, sino por la experiencia que se vuelca en la escultura vinculándola con la memoria. En sus esculturas los lugares ocupan a manera de imágenes nuestra memoria, como un lugar en sentido transpuesto. Entonces, el paisaje aparece bajo el régimen de la memoria y de la imaginación. Recuerdo, evocación, nostalgia e imagen son los elementos constitutivos de su escultura. En ese sentido, el paisaje para Roberto no es una entidad física, es más bien un conjunto de experiencias vividas y no vividas, es una serie de significados anclados en ellas y en la memoria, así como en el olvido de las mismas. El paisaje se muestra en su escultura, como una entidad absolutamente misteriosa en tanto que no es sólo presente, sino también, huella, imaginación y promesa. Es en este sentido que Roberto se expresa en su escultura no sólo en torno a los paisajes, sino al sentido y el destino de sus vínculos con estos.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz 2011

viernes, 27 de mayo de 2011

Imagen-memoria Cerámica de Graciela Olio



Imagen-memoria
Cerámica de Graciela Olio
La argentina Graciela Olio, en su próxima exposición en el mes de julio, en el Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC), propone otras maneras de pensar y de aproximarse a la cerámica; la artista realiza pequeñas esculturas con técnicas fotocerámicas, que son el resultado de la exposición a la luz de impresiones fotográficas semitransparentes situadas sobre una placa de barro, sensibilizada con una emulsión de bicromato de amonio, potasio o sodio mezclada con materias orgánicas (coloides).
En términos conceptuales, la creación artística de Olio, consiste en una operación creativa de revisión de las nociones de lugar, memoria e identidad. Su obra apela a la revisión de la “identidad” impuesta como relato, inevitablemente “selectivo”, del discurso oficial de la nación argentina. La representación que nos ofrece Olio, como instrumento de análisis y de transmisión del conocimiento histórico, radica en la revisión de la historia o memoria oficial de Argentina de 1960 a 1980. Sin embargo, esta “revisión” no es objetiva, ni científica, al contrario, conforme a su visión individual, la artista al mismo tiempo que reconstruye el pasado en su obra, también lo recompone, pues escoge entre los recuerdos, apartando algunos, y retomando otros, de tal manera que las alteraciones muestran la fragilidad del fenómeno identitario causada por la memoria.
            Olio, en Proyecto Sur (una serie de obras iniciada en 2008 en Fuping, Shaanxi, China y que continua trabajando hasta hoy en Argentina), muestra un fuerte arraigo regional. Esta serie presenta algunos aspectos geográficos de América del Sur mediante un discurso visual que se manifiesta a través de imágenes de los cuadernillos de dibujos escolares Simulcop, utilizados en Argentina de 1960 a 1980. En la segunda etapa de Proyecto Sur, continuación (2008-), Olio, refleja su paso por una escuela, que de acuerdo a ella “lejos de incentivar las vivencias y la intuición formativa, proponía el simulacro apuntando a la pobreza ilustrativa del calco frío y ajeno”. Las imágenes que utiliza para esta obra son una serie de dibujos de mapas políticos, hidrográficos, climatológicos, de flora y fauna, de las principales ciudades y puertos, así como de los productos sudamericanos más importantes, que tratan de mostrar la representación idealizada del continente. Estas imágenes presentaban un todo simulado para hermosear una realidad engañosa, pero políticamente correcta.
            La tercera etapa de Proyecto Sur, serie home (2009-) muestra imágenes didácticas que pertenecen a un pasado escolar, pero que son apropiadas, transferidas y relocalizadas en una narrativa otra, fuera de su contexto original, sobre una serie de objetos cerámicos. Esta serie, a manera de paisaje escolar en tercera dimensión, muestra formas simples de casas, realizadas a partir de láminas muy delgadas de porcelana, que luego son impresas con técnicas de transferencia.
Proyecto Sur conforma una obra que a través del registro de inocentes imágenes escolares, se inserta en un presente desde la nostalgia crítica. La elección de la porcelana como material, crea una obra de gran tensión, cruzando técnicas antiguas con contenidos actuales que marcan nuevos rumbos en el desarrollo la cerámica. En el caso de Proyecto Sur, serie home, los elementos constitutivos de la escultura son la clave mediante la cual se establecen como imágenes simbólicas. La porcelana es la condición que posibilita la lectura de la obra; la forma que la artista utiliza depende en gran medida del material del que se nutre. La porcelana tiene cierta vocación formal, cierto destino, en esta obra, pasa de ser soporte a ser elemento fundamental y protagonista de la obra. Dotando a la pieza de un carácter frágil y de cierta luminosidad.
La exposición de Olio en el JEX presta atención especial a la curaduría y el montaje, a partir de propuestas de arte actual basadas en temáticas que ponen a dialogar artistas locales con artistas externos, de tal manera que se estimula una reflexión permanente sobre la relación de nuestro arte con el arte internacional. Apostando por introducir nuevas reflexiones en el ámbito artístico jalapeño.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz, Mayo 2011