sábado, 22 de septiembre de 2012

Arboles, Plantas y Pájaros




Arboles, Plantas y Pájaros
Maribel Portela, Patricia Henríquez y Yolanda Paulsen

El proceso creativo de Maribel Portela, Patricia Henríquez y Yolanda Paulsen, es un trayecto en el que se logra una obra que expresa las intenciones del autor y que si bien, está comprometido con el propósito estético, va más allá de seguir formas y líneas para otorgar resultados novedosos y soluciones creativas que gusten a los sentidos y provoque emociones. Arboles, Plantas y Pájaros reúne el trabajo de estas tres artistas, con el fin de dar a conocer la oferta creativa del arte contemporáneo mexicano. Con más de cuarenta piezas, entre pinturas, gráfica, objetos, esculturas e instalaciones; la muestra está dividida según los objetos y las líneas de investigación de cada artista. Así, el público puede observar pintura sobre tela, escultura en papel, silicón, semillas, tela y botones de plástico.
Con atención en áreas como la originalidad, los procesos de producción y el impacto ecológico en un entorno industrializado, esta muestra presenta imágenes de pájaros, plantas y árboles llamando a la reflexión sobre los comportamientos sociales en torno a la naturaleza. La disposición de las piezas sigue un eje estético y conceptual, lo que permite al púbico acercarse a ambos aspectos y apreciar tanto las formas como las propuestas y soluciones. Esta exposición busca analizar también la manera en que las obras hoy día obedecen a la estética del arte contemporáneo local e internacional, y el carácter como el arte mexicano se ha ido insertando en la escena mundial sin perder modelos y tradiciones locales, mediante la incorporación de materiales, procesos de producción y estilos diversos.
Con esta exposición el Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC) celebra su Décimo Tercer Aniversario, retomando su iniciativa de presentar la obra de artistas relevantes en el ámbito nacional e internacional.

Manuel Velázquez
Noviembre de 2011

Aprendiz de objeto


Aprendiz de objeto
La memoria es en sí misma un acto simbólico y exige de nosotros una vivencia igualmente simbólica; para Ireneo Funes (El Memorioso de Jorge Luis Borges) la memoria es un ejercicio insoportable, una tortura. Cada instante, cada detalle se acumula en su mente, llenan su cabeza de datos e imágenes hasta el cansancio. El recuerdo lo atormenta. Funes sufre de la imposibilidad de olvidar. Al contrario, para Leonard Shelby, el protagonista de la película Memento (Christopher Noland, 2000), el suplicio está en la imposibilidad de recordar. Sus fugaces estados de conciencia son objeto de un paciente trabajo de registro. Imágenes y palabras se acumulan sobre su cuerpo, llenan sus bolsillos, invaden su habitación. Si el mundo castiga a Funes con sus recuerdos, Leonard vive sin ellos.
La memoria también es un espacio de reflexión. En el caso de Rodolfo Sousa su serie Aprendiz de objeto, un conjunto de pinturas en pequeño y mediano formato son  producto de recuerdos, contenedores de la memoria de lo visto. Para la creación de esta obra, el artista parte de la idea de la pintura como una imagen-medio; los recuerdos son imbricación íntima con la pintura, con los cuerpos, las cosas, sus representaciones, sus símbolos, su existencia discursiva; la pintura expresa así ideas, lo hace tanto por sus características físicas y materiales como por su historia y la teleología del “objeto pintura”; por otro lado, lo hace desde el terreno de la exploración de la representación del espacio y de los objetos. El objeto pictórico aprende a ser un objeto. Por su parte, el autor aprende a generar estos productos, con su carga semiótica de objeto cultural. La reconstrucción del pasado en la que se fundamenta su trabajo nos remite siempre a un marco temporal y espacial, que tiene su concreción en un determinado “lugar de la memoria”. La confluencia de las imágenes y el pasado (recuerdos recuperados, acontecimientos evocados, sonidos conjeturados, hechos sabidos) con la voluntad de cultivar formas que neutralicen el avance del olvido, permiten a Rodolfo Sousa, retener imágenes, palabras, gestos y metáforas.
Manuel Velázquez
Agosto de 2012 

Aparecen / Desaparecen



Aparecen / Desaparecen
Aída Aguilera

Las ideas, las personas, los objetos, las palabras, las cosas cambian, se transforman o desvanecen, bajo esta premisa Aída Aguilera crea su instalación en cerámica Aparecen / Desaparecen. La alegórica de árbol de la vida es la estructura como un recurso visual, desde la cual emprende para hacer su creación de forma abierta y deliberadamente metafísica; habla de una embriaguez, de una “fuerza transfiguradora” que surge de la intensificación de las emociones, de la vida y de aquello que “diviniza la existencia”, tal estado se encuentra en lo más profundo de su propuesta. Y este estado de embriaguez es tanto efecto como causa de su obra.
Los jardines son lugares metafóricos, poseedores de una perfección y una paz idealistas. Por lo tanto, los jardines siempre significan otra cosa: su vegetación y su flora son materia simbólica. En un jardín, cada cual es libre de ir a donde le place, de seguir varios senderos, de escoger por contradicción, de inventar alegorías orgánicas. La utilización de la alegoría ha sido una constante en la obra de Aída Aguilera, en sus instalaciones y sembrados de “flores de barro”. El barro como conductor de ideas, nubes, flores, viento, neblina y demás. Para esta instalación, la artista, reunió escrupulosamente palabras, evocaciones y pensamientos para recrear un árbol mítico, no tanto del recuerdo sino de la ilusión, donde las cosas cambian, Aparecen / Desaparecen, aunque no hayan sufrido un proceso evolutivo natural. Su obra, se ordena con la cerámica como medio técnico, pero también se organiza como sujeto mítico en el jardín simulado y potenciado en cada pieza de barro. Así, las piezas de cerámica se convierten en imágenes mentales de hechos artificiados, de mitos reapropiados. En ellas se explora la salud de un momento cultural determinado por memorias colectivas y por gestos particulares.

Manuel Velázquez
Septiembre 2011

Casos y cosas



Casos y cosas

En sus pinturas más recientes Edgar Cano se ha tornado más oscuro, también se preocupa en mayor medida por las cosas y los personajes que elige representar. Este artista ha restaurado una lógica pictórica al personalizar las referencias de su obra que llegan a la cita, a la alusión. La serie Casos y cosas, parece sofocarse cada vez más en la constante saturación de las imágenes. Su obra se estructura sobre lo sensible, sobre el imperio de las formas. Esta labor, que a veces corre por cuenta de un dispositivo oculto, tiene resonancias con el trabajo de Daniel Lezama. No es casual el uso de la cita para la elaboración de las imágenes.
En esta serie Edgar Cano se aferra más y más a la vitalidad de la representación. La insistencia por la figuración constituye una legítima preocupación y un encomiable afán por encontrar un lenguaje propio. Sus imágenes no dejan de crear una cierta sensación de nostalgia, aunque no se trata de buscar emociones perdidas, sino de reflexionar y dialogar con el presente. Su pintura no sólo traduce técnicamente un acontecimiento sino también cierta ironía. Mientras los recursos heredados de la “pintura academicista”, son los elementos claves de que se vale para la configuración de sus obras; conceptos como soledad, dolor o marginalidad forman parte del mundo que representa. Por ello adopta elementos que forman parte de reconocidas imágenes del arte occidental, al mismo tiempo mantiene una figuración personal, susceptible de ser entendida y conceptualizada en su propia realidad.
En sus retratos, las figuras realistas están rodeadas de objetos que aluden a elementos característicos de zonas marginales de la megalópolis. La relación que se establece entre los personajes y el paisaje, le sirve para confrontar nociones como soledad y saturación. El desmedido desarrollo urbano, la concentración de población en las ciudades y el crecimiento industrial, incidieron en la configuración de esta nueva serie de Edgar Cano. Esto ayudó a gestar una pintura, que nace del cruce entre lo urbano y lo rural. Desde esta perspectiva su obra se vale de un mundo iconográfico que mezcla personajes y situaciones donde la ironía a veces sutil, otras muy directa; nos enfrenta a una realidad que sigue siendo parte de la ciudad.
Así, la preocupación por la cultura urbana, los espacios olvidados, los personajes de la megalópolis; son referentes significativos para Edgar Cano, quien para analizar estos fenómenos utilizó elementos provenientes de la pintura realista. Hay una doble vertiente desde las cuales el artista se acerca a su obra, por un lado, mirando desde afuera, a través del peso de imágenes que no son experiencias personales directas, sino la reelaboración, a veces con cierta perversidad, de situaciones poco prestigiosas, correspondientes a sectores que padecen de la marginalidad de la ciudad. De allí que elementos surgidos de la periferia generada en el hacinamiento urbano, sean utilizados en su discurso. Por otro lado, en la elaboración de esta imaginería retoma personajes de su entorno inmediato utilizando para ello el autorretrato.
Las imágenes de Edgar Cano cuestionan de manera inquisitiva los falsos estereotipos de " lo mexicano", asumiendo críticamente muchos de ellos. No duda con esto en apuntar directamente a la noción de diferencia. Su actitud cuestionadora le permite nutrirse de lo que se ha definido como la postmodernidad. 
Manuel Velázquez.
Xalapa, Veracruz, abril 2012

Anima Mundi


Anima Mundi
Colectiva gráfica
Del espumarajo negro que la noche vomita
nace el búho.
Dos estrellas
sus asombrados ojos.
Tibio montón de plumas en la rama,
el búho brota
del silencio nocturno.
Anima Mundi
Efraín Bartolomé

Existe una prolífica vinculación histórica entre las artes visuales y la literatura; a veces como acompañantes o correlatos en forma de crítica o ilustración, pero también como fuerzas creativas autónomas detonantes de ciertas experiencias que bien pueden ser expresables en uno, otro o ambos lenguajes. A partir de la muestra Anima Mundi, actualmente en exhibición en el Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC), se plantea la interpretación y reflexión en torno a la creación literaria de Efraín Bartolomé como punto de partida para la creación de obra gráfica.
De acuerdo a Nietzsche, “interpretar un texto no es darle un sentido (más o menos fundado, más o menos libre), sino por el contrario apreciar el plural de que está hecho”. Durante siglos, los pintores se han inspirado en temas literarios para realizar sus composiciones, y los poetas han intentado conjurar imágenes que se creía que sólo las artes plásticas podían transmitir de forma adecuada. Si el texto, y en especial, la poesía, es la relación de sus partes con el lector y el oyente y así construye su sentido, también las obras visuales suelen componer un sentido más allá de su límite material. En una interpretación visual, la complejidad del texto literario estará siempre presente, fuera de la inmediatez de sus representaciones icónicas.
La exposición Anima Mundi, reúne a 12 artistas visuales radicados en Xalapa. Estos artistas trabajaron sobre una serie de textos inéditos, de la obra literaria del mismo nombre, realizada por el poeta chiapaneco Efraín Bartolomé. Esta exposición presenta a la obra gráfica y la literatura en una estrecha relación. Basta una ojeada a la obra de Federico López, Yarim Gómez, Gerardo Vargas, Belinda Ugalde, Jerónimo Rosales, Daniela Rivero, Israel Barrón, Adán Paredes, Laura Zaldívar, César Aguilar, Aram Huerta y Aldo Peralta para convencernos de que la poesía y la gráfica emulan fraternalmente metas y medios de expresión. Se trata especialmente de coincidencias sincrónicas, de intereses comunes, traducciones e interpretaciones entre diferentes medios artísticos.
Una de las líneas de desarrollo de esta exposición es el seguimiento de las coincidencias estilísticas y temáticas de estos autores a partir de la literatura. Esta exposición aborda la relación artes visuales-literatura desde un doble enfoque. Por una parte, se ocupa de algunos textos literarios de Efraín Bartolomé que los artistas plásticos han interpretado. Por otra parte, dilucida la función del artista plástico (en sentido amplio), tratando de establecer conexiones entre ellos y el poeta.
El montaje de la exposición en las áreas verdes del JEX, permite relacionar de forma abierta una obra con otra y al mismo tiempo, relacionar el conjunto de piezas con el espacio, lo cual agrega una lectura más al texto literario: la del observador. Esta lectura podría ser descrita como subliminal si no nos detenemos frente a los textos explicativos o si no miramos los textos literarios. Cada disposición de las obras en el espacio abierto, compone una narrativa significativa, que suele exigir el movimiento del cuerpo del espectador, que tiene que trasladarse aun que brevemente, de un lado a otro para la observación de la muestra. Escritura, dibujo, pintura y gráfica más allá de ser construidos sobre líneas, son lenguajes cuya comprensión necesita de un conjunto de conocimientos técnicos, históricos y sociales que se construyen en el imaginario del publico.

Manuel Velázquez
Junio 2011