domingo, 28 de octubre de 2012

Guardapelo. Esculturas de Abel Zavala



Guardapelo. Esculturas de Abel Zavala

Toda obra artística es intraducible a otro discurso. Miramos para descubrir, descubrimos al mirar. La frase de Frank Stella es contundente “Lo que ves es lo que ves.” Está lo que vemos, no más. O mejor, vemos lo que está y lo descubrimos a partir de formas, vacíos, estructuras, colores y materiales. En esta línea se inscribe la exposición Guardapelo, esculturas de Abel Zavala, que estará abierta a partir del 16 de noviembre en el Museo de Antropología de Xalapa. Este artista trabaja en una serie de piezas tridimensionales realizadas en tela y bordadas con pelo de perro. Son piezas que no pretenden contar historias ni hablar de algo específico, lo importante es que la obra adquiera relevancia por sí misma, por la simpleza de su forma, el aspecto matérico y la museografía. Para esto recurre a formas orgánicas simples con ligeras variaciones de tamaño, color o textura. En estas piezas las relaciones formales entre estructura, material, forma, escala, color y soporte, subrayan la suficiencia propia de los materiales usados. Desde la influencia de la estética minimalista, Zavala otorga a sus piezas una expresión plástica definida, de ahí que utilice de manera directa los materiales en su evidencia física sin ornamento alguno. Así, las cualidades propias del pelo de perro se convierten en protagonistas de la experiencia estética.
En estas obras, Zavala trabaja con formas orgánicas y estructuras sencillas, que hacen patente una construcción poética despojada de una narrativa cultural. Su producción artística es un dispositivo estético donde el sentido y significado de la obra es producto de la relación del objeto artístico con el receptor. La intención de Zavala es situar las potencialidades matéricas y visuales en su centro de gravedad, como representación del objeto en sí mismo y de sus condiciones de producción. La fisicidad de su escultura es acentuada como resultado de elegir y manipular los materiales.
Una de las principales características que definen la escultura de Zavala es el proceso productivo, la consecución formal de una factura impecable y meticulosa, que se muestra como generadora de los conceptos e ideas que dan sustento a la obra. Cada pieza, en tanto proceso, se devela como una actividad reflexiva, experimental y creativa, donde la acción física del artista en la facturación de la pieza resulta definitorio. Este proceso de producción se hace visible en su momento de exhibición. En el montaje de sus piezas la belleza del vacío y el silencio cuentan, el artista dispone las esculturas en el espacio de tal forma que logran definir intenciones constructivas o visiones específicas. El montaje hace que los materiales elegidos, las formas de producción y los procesos tengan un papel muy relevante en su discurso, y sean específicos de la intencionalidad del autor. Sus esculturas materializan ideas concretas sobre la naturaleza de lo artístico y encarnan una propuesta visual de intercambio con el espectador.
A Zavala le interesa que sus esculturas no sólo funcionen como objetos, sino, que se integren al espacio arquitectónico donde son expuestas. Así, la iluminación es un elemento importante, porque las piezas son en su mayoría monocromáticas o de colores neutros y ricas en textura. La iluminación permite que estos suaves contrastes puedan ser percibidos dentro del espacio en blanco de la galería que los contiene y articula. El sentido de todo esto es la concepción completa del carácter sensible del objeto artístico como experiencia estética.
 De esta manera, conceptos, procesos e intenciones se reformulan en una obra que apela más a la lectura sensorial que a la interpretación. Por lo que la presentación de estos trabajos muy afín a las prácticas minimalistas es fundamental. El conjunto de las piezas construyen una atmósfera que invade y apela más allá de la mirada, al tacto y al transito.

Manuel Velázquez
Septiembre 2012

Ondulaciones bajo el puente



Ondulaciones bajo el puente

Un árbol distante y solitario destacando en un horizonte dorado.
Risa en la oscuridad, Vladimir Nabokov

La exposición Ondulaciones bajo el Puente de Aurora Noreña, presente en el Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC) hasta finales del mes de octubre, incluye: ensamblaje, pintura, video, escultura y un libro digital. El cuerpo de obra pertenece a una vastedad de intereses y reflexiones sobre la noción de “horizonte” que la artista viene desarrollando desde hace dos años. Diversas son las líneas de investigación y estrategias creativas empleadas, pero toda la producción comparte la propuesta de una revisión del “horizonte” como construcción cultural. El interés de la artista es un análisis al tema desde distintas perspectivas y múltiples medios, pidiendo al espectador una lectura transversal para darle sentido a la muestra.
Aurora Noreña parte de la idea “que el horizonte es un punto de inflexión entre el mundo y el sujeto, ya que acopla un exterior, esa imagen real/virtual de la lejanía extrema con la singularidad del individuo que la reconoce. Es un punto de  articulación, que lleva al individuo a plegarse sobre sí mismo y a mostrar una interioridad compleja que se corresponde sólo de manera indirecta con el horizonte divisado, ya sea marítimo, desértico o boscoso.”
Aurora Noreña entiende la escultura como una disciplina que permite manejar nociones complejas y dispersión creativa por medio de materiales heterogéneos y particulares maneras de construcción significativa. En su obra intervienen factores de todo tipo, materiales, corporales, de percepción visual. Sus esculturas mezclan productos industriales (muebles y madera) para obtener híbridos imprecisos, que terminan construyendo referencias al horizonte. En ellas, todo se torna relieve; diversas retículas sirven para plegar imágenes de objetos sobre sí mismos. La imagen se fragmenta en celdas autónomas que dan cabida a continuidades, discontinuidades y serialidades.
Para Aurora Noreña “El sujeto/observador se pliega sobre sí mismo dislocando el acto de contemplación y la percepción óptica de sus pensamientos, deseos y sensaciones. Debido a ello la imagen natural o abstracta observada en el horizonte deviene otra cosa.”
La artista explora también un tipo de “apropiación” en la pintura, recuperando e interviniendo cuadros de paisajes que recolecta de bazares o tiendas. Estas piezas podrían fundamentarse en una “naturaleza” que desconcierta, la artista interviene las “pinturas recolectadas” utilizando sólo una incisión, con esta simple acción el horizonte imaginario sigue su ritmo vital, desacelerado pero categórico y potencial. En definitiva en sus pinturas, el horizonte pierde su característica de finísima división entre cielo y tierra, entre mundo y sujeto para multiplicar todo lo que dentro de él cabe, es decir la manera en la que se piensa, siente y percibe la alegoría de la lejanía extrema. Sus pinturas son una sorprendente manera de obligar al espectador a ser parte activa de la reflexión frente al horizonte.
Aurora Noreña busca la habilidad acomodadora de nuestra percepción, creando así una estrategia de aclimatación, de inducción placentera, capaz de expresar algo más de lo que se ve en la superficie, en la armazón informativa.

Manuel Velázquez
Septiembre 2012

martes, 2 de octubre de 2012

En obra negra



En obra negra
Instalación de Manuel Velázquez y Roberto Rodríguez
Curaduría Josué Martínez

Esta exhibición se inserta en el 30 aniversario de la Galería AP. A manera de instalación, Manuel Velázquez y Roberto Rodríguez generan un proyecto que reflexiona acerca de la construcción/destrucción de la galería. El espacio de exhibición deja de ser un mero receptáculo de obras de arte, convirtiéndose en protagonista. Al ser ambos artistas parte de la historia de la galería –entre 1988 y 1991 trabajaron en ella- sus reflexiones son no tan sólo conceptuales sino vivenciales. Regresan pensando en y por ella. El conjunto de objetos que se muestra, cuestiona la relación del arte con el espacio museográfico ¿El arte es en tanto se expone en una galería? ¿Cómo activa el objeto al espacio? ¿Es posible trastocar al museo desde su interior? ¿Qué papel juega el espacio de exhibición en la recepción del objeto artístico? La muestra intenta abrir caminos de discusión utilizando conceptos básicos como los residuos, lo inacabado, los andamios y las estructuras.
Los materiales orgánicos e inorgánicos, lo visual y lo táctil, el espacio y el tiempo, la escultura y la cerámica se articulan y confrontan en la obra de Rodríguez y Velázquez, mediante una visión que rescata partes y motivos, selectiva y accidentalmente mezclándolos en un registro abierto y expansivo. Lo que a primera vista puede parecer accidental, está en realidad revestido de una fuerte determinación expresiva, generando una variedad de significados, tanto de los materiales como de sus posibilidades de interpretación.
En virtud de todo ello, las obras de Rodríguez y Velázquez rompen los límites expresivos de los medios tradicionales. No pertenecen ni a "la pintura" ni a "la escultura" pero se nutren de ambas y se funden en un proceso plástico de organización escénica del espacio. El resultado es un registro "envolvente", donde el espacio arquitectónico de la Galería AP es parte activa de la obra.
Es en este conjunto de aproximaciones donde Rodríguez y Velázquez, se han liberado de los esquemas que mantenían aislada a la escultura en el pedestal, en un espacio privativo donde el espectador no podía transitar; para invadir el ámbito expositivo, conquistando el terreno donde el público se mueve; enfatizando el espacio mediante su presentación; una superficie que se construye en la medida en que se recorre.
De esta manera, su obra lejos de presentarse como un fenómeno cerrado, se abre impregnándose de recursos más propios del acontecimiento y de la escena, lo que le confiere una dimensión significativa, adaptándose a las circunstancias del entorno arquitectónico. Una obra que se gesta por relación háptica; al mismo tiempo se ofrece a la mirada, al tacto y al tránsito, estrechamente relacionada con el movimiento del cuerpo del espectador, quien tiene que caminar, agacharse, alejarse, acercarse, para la apreciación de las piezas. Así, la percepción del espacio es una de las principales experiencias de esta exposición. Aquí la galería AP sufre una transformación; el agente es el movimiento. El espacio dentro de la galería ha sido concebido en principio como el espacio entre dos propuestas: la de Rodríguez y la de Velázquez. El objetivo de estas narrativas es hacer el espacio menos transparente, intentar aprehender la naturaleza de éste y modificar la manera en cómo se percibe en las exposiciones habituales, que siempre se conocen a través de una modalidad estática. La dimensión del tiempo se manifiesta en el movimiento del espectador entre las esculturas -el espectador, seguido por su evaluación y juicio- recorre la distancia entre las dos propuestas. La experiencia del espacio, que requiere movimiento físico y duración, invariablemente modifica la relación entre las obras y la galería.
La inauguración es en la Galería AP, el día 4 de octubre, a las 20:00 hrs. Facultad de Artes Plásticas, Universidad Veracruzana. Unidad de Artes, Belisario Domínguez 25, Colonia Centro. Xalapa, Veracruz. Los esperamos, entrada libre.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Se inaugura Del mar Y sus habitantes. Ilustraciones de Manuel Velázquez



Se inaugura Del mar Y sus habitantes. Ilustraciones de Manuel Velázquez


v Este miércoles 26 de septiembre en punto de las 13:00 horas en la Dirección General del Área Académica de Artes. Entrada libre.


La relación entre la narrativa y la imagen es tan sutil que podría no percibirse, al leer un cuento, poesía o novela, el imaginario va ilustrando cada una de sus partes, de sus palabras, rostros, paisajes; la imagen se hace presente. O viceversa al mirar una imagen, el imaginario va susurrando una historia al oído, una escena, alguna novela, una frase, una palabra que denota el inicio de una poesía. De este modo, esta relación se puede apreciar en: Del mar y sus habitantes con la selección de textos de Ramón Bolívar y con ilustraciones de Manuel Velázquez, mismas que se exhibirán a partir de este miércoles 26 de septiembre a las 13:00 horas en la Dirección General del Área Académica de Artes de la Universidad Veracruzana.
Las ilustraciones muestran la prolífica vinculación histórica entre las artes visuales y la literatura; en la cual Manuel Velázquez se reafirma como un creador de imágenes, donde se preocupa porque su obra conviva con las personas en su entorno cotidiano, por lo que sus diseños son sencillos y lúdicos, para esto se vale de los colores a los que confiere un valor simbólico. Este artista crea con sencillez para la vida; diseña sus obras pensando que puedan convivir fácilmente en el entorno cotidiano de las personas, en sus palabras: imagina para la vida.
En la presente exposición, Ramón Bolívar a través de la obra de Manuel Velázquez, reúne a escritores hispanoamericanos, para entablar un diálogo con el mar. Te invitamos a recorrer esta exposición y sumergirte en un mundo de sal y arena, de sol y luna, y de olas que retumban. Seguramente encontrarás brillantes conchas y cangrejos que brotan de la blanquísima arena. Si observas bien, descubrirás a lo lejos un diminuto barco de papel -¿y por qué no?-, quizá también una esbelta sirena o un tierno tiburón. Al final de estas imágenes y breves textos y casi al atardecer, disfrutarás del gozoso retorno hacia el amado puerto. Y todo esto, al compás de las imágenes. ¿Te animas y vienes con nosotros?
Se hace extensiva la invitación a disfrutar de las ilustraciones de Manuel Velázquez y que cada observador recree sus propias narraciones: Del mar y sus habitantes. La cita es este miércoles 26 de septiembre 2012 a las 13:00 horas en la Dirección General del Área Académica de Artes, Universidad Veracruzana. Rectoría, Edificio A, segundo piso. Lomas del Estadio s/n Zona Universitaria. Entrada libre.