lunes, 27 de junio de 2011

La obra de Mariana del Campo


Apropiación, simulacro, intertextualidad y nueva realidad en la obra de Mariana del Campo

La práctica artística de Mariana del Campo está vinculada a procedimientos propios de la re-fotografía; obsesión por la imagen en su “artificialidad” fotográfica. Fotografías de fotografías, re-fotografías que se convierten en signo del agotamiento de la imagen; incapaz de reflejar lo real, condenada a repetirse al infinito. Desaparición de la noción de originalidad y creatividad artística.
Un gesto del discurso anónimo de nuestra era; la desaparición del aura en la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, señalada por Walter Benjamin.
En su próxima exposición en el Jardín de las Esculturas de Xalapa, Mariana se apropia no solamente de imágenes u objetos provenientes del mundo del arte o del consumo, sino también de algunas teorías que intentan dar cuenta de la creciente complejidad del universo de imágenes generadas por internet. Se apropia de todo: “rapta” fotografías, ilustraciones, diseños, carteles, publicidad y textos. Su obra es la traducción en el discurso fotográfico del grado Xerox de la cultura; la copia de la copia, la puesta en escena de la simulación como modus operandi, que se convirtió en el procedimiento preferido de una serie de artistas de comienzos de la década de los ochenta; a raíz de la exposición colectiva titulada Pictures, en la cual participaron Troy Brauntuch, Robert Longo, Sherrie Levine y Cindy Sherman en la ciudad de Nueva York. Este movimiento refutó la idea del creador único, afirmando que el mundo contemporáneo es una gran fábrica de producción y reproducción de imagen y de cultura. Por tal motivo tomó el nombre de la compañía más grande de copiado de aquella época: Xerox.
Mariana, utiliza la fractalidad dentro de la simulación, sus imágenes se reproducen dentro de sí mismas una y otra vez, utilizando como medio el collage digital. La dirección principal es el movimiento, el juego, la nostalgia y el azar. Se trata también de traslados, interpretaciones, paráfrasis o parodias, mediante las cuales su trabajo mezcla lo pensado y lo expresado, lo visto y la ilusión. Las re-fotografías de Mariana dan cuenta de un universo donde las referencias y los referentes han desaparecido, es paradójico pensar en sus imágenes como una práctica artística relacionada con la memoria. Sus obras transversalmente son referencia del pasado y al mismo tiempo simulacros. Copias de copias, mapas de mapas, cartografía de una memoria inexistente pero presente. En un proceso que afecta no sólo a las imágenes, sino a su propia recepción; termina afectando no sólo al universo del creador sino a las propias imágenes que lo narran. El sentido evocativo estimula al receptor con asociaciones diversas, a modo de una obra abierta en la que no existe literalidad y donde la experiencia, cultura e imaginación del espectador serán los factores que, desde lo conceptual y lo perceptual, permitan una interpretación a partir de la imagen. Un pastiche digital que se asocia con la manipulación, la introspección y la incorporación de diversos planos de realidad. Pareciera que detrás de las imágenes sólo encontramos otras imágenes, una deriva que tiene mucho que ver con procedimientos de cita o de parodia. El concepto de simulacro en la obra de Mariana permite repensar el sentido de realidad, una realidad que se confunde y se torna indiscernible. Parafraseando a Barthes, “a lo que nos enfrentamos es a la simulación como procedimiento”.
La obra de Mariana, está vinculada a un espacio donde la apropiación clausura a la representación sustituyéndola por la intertextualidad. Mariana, genera efectos referenciales que no son más que un simulacro, en el sentido deleuzeano "El simulacro no es una copia degradada; oculta una potencia positiva que niega el original, la copia, el modelo y la reproducción." Un efecto perverso en términos de referencialidad, ya que estas imágenes nos invitan una y otra vez a especular más allá de la lógica de la representación; en un juego de referencialidad pero con ausencia de referentes. La imagen, nos remite a su propio carácter de simulacro. Paradójicamente, es una especie de metalenguaje poético, que nos confronta con el objeto perdido, con el objeto del deseo.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz, Mayo 2011

lunes, 20 de junio de 2011

Memoria-papel




Luis Josué Martínez Rodríguez
Por mi estética hablará mi ética

Hoja volante en papel minagris impreso en offset
21.5 x 28 cm.
2011

Memoria-papel
Exposición nómada entre Paraguay y México
Inauguración Ágora de la Ciudad, 23 de junio 20:00 horas.

La exposición Memoria-papel reúne la obra de cinco artistas paraguayos y cinco mexicanos, quienes trabajaron a partir del tema de la memoria individual o colectiva; identificando en cada propuesta la relación con el entorno geográfico e histórico. Se trata de una exposición itinerante que visitará las ciudades de Asunción, Paraguay y Xalapa, México. Cada artista participa con dos obras realizadas en un soporte de papel no mayor a 150cm. cada una, en cualquiera de sus lados. La idea es mostrar un soporte común como el espacio sensitivo en que cada artista propone su visión de la memoria. La muestra está diseñada para viajar por correo a cualquiera de sus sedes.
Para la realización de la curaduría primero se revisó el dossier de los artistas convocados, principalmente fotografías y folletos, así como otras fuentes que permitieron ampliar el conocimiento sobre la obra de cada autor. Para esto se contó con un comisario responsable por cada país. La intención es la de propiciar el intercambio internacional para establecer un diálogo que puede ser de confrontación, confusión y sorpresa o de cercanía, coincidencia e incluso, simbiosis.
Lo que interesa en esta exposición es favorecer el conocimiento del arte contemporáneo que se realiza en México y Paraguay, y con ello, contribuir a la difusión de la propuesta estética de los artistas seleccionados, proporcionando instrumentos museográficos actualizados y adecuados a la propuesta estética de cada autor. La muestra tiene el propósito de analizar diversos aspectos del arte contemporáneo mexicano y paraguayo, relacionados con la memoria, atendiendo a argumentos teóricos y a problemas de interpretación, a partir de un soporte común: el papel.
El papel, mediante sus variadas texturas, colores y sus posibles combinaciones, es el recurso ideal para cercar y enfrentar el trabajo de estos creadores. La observación, el descubrimiento y juego con la materia son los sustentos del intercambio, que se procura en un ámbito abierto a distintas interpretaciones. Exponer el papel como soporte de la obra en sus características táctiles y visuales, acompañado de las múltiples relaciones conceptuales entre creadores es el interés de esta muestra. Las modalidades de participación son pintura sobre papel (óleos, acrílicos, acuarela, técnica mixta, etc.), fotografía digital impresa sobre papel y estampa sobre papel (grabado, serigrafía, litografía, etc.).
La obra de estos creadores presenta una zona común para dialogar entre el papel que tiene su propia forma y la memoria que también detenta su propio proceso. Los dos encuentran la estructura de convivencia desde la configuración original de cada creador. Invitando al espectador a reconocer conexiones entre materiales de procedencia natural y materiales de origen industrial: ambos reaccionan a la manipulación.
            La exposición Memoria-papel se celebra durante el mes de junio de 2011 en el Ágora de Xalapa y en el mes agosto en Asunción Paraguay.



jueves, 16 de junio de 2011

Trazos de paisajes en la obra de Roberto Rodríguez



Trazos de paisajes en la obra de Roberto Rodríguez

El paisaje en la obra de Roberto Rodríguez (Misantla, Veracruz, México, 1959) hace parte de la experiencia de la memoria: la reflexión sobre los lugares experimentados, íntimos, tiene la capacidad de rebasar sus referentes físicos y permitir que la escultura se convierta en paisajes. Sin reproducir la naturaleza sus piezas encierran la emoción que ésta produce, y son expresión y reflexión de su memoria. Su obra activa huellas: rastros, índices, indicios de dimensiones no evidentes, pero intensamente significativas. El paisaje en su escultura se concibe como sugerencia del inevitable tránsito de las cosas; cambio, metamorfosis, desaparición. Este registro es visible por los materiales que utiliza y por el tratamiento de las superficies, donde se sitúa un campo de resonancias: la relación entre el material y lo aportado por el artista. La propuesta de Roberto es presentar formas relacionadas a elementos terrestres: montañas, árboles, plantas y semillas en un juego entre abstracción, formas vegetales y terrestres.  
Para Roberto, el lugar de exposición aparece no como un espacio ideal, sino sometido a su manipulación; no lo concibe como una condición neutra e indiferente, sino como una de las principales experiencias de su obra, que requiere para ser apreciada del movimiento físico y de la duración temporal. En esta muestra, Roberto contrapone las formas orgánicas de sus esculturas a las geométricas dadas por el espacio arquitectónico. Estos elementos, permiten explicar las relaciones entre paisajes y memoria; un tejido en el que se entrecruza de modo flexible y diverso el tiempo y el espacio.
Desde 1992, los cambios que se dieron en el trabajo escultórico de Roberto, significaron la ruptura total del bloque cerrado y la apertura del mismo hacia el exterior. Al eliminar la base o pedestal y acercar la escultura al suelo, dio paso a un ámbito que abarca el espacio del tránsito, de la circulación, la escultura pasó de ser contenida a ser continente y se acercó a la arquitectura para participar en ella. La incorporación del espectador en su obra, en esta muestra se establece de manera explícita, a través del recorrido que debemos realizar para su apreciación. La dimensión espacial determina un itinerario y estipula un tiempo deambulatorio. El espacio se experimenta en tiempo real: el cuerpo se mueve, los ojos están en constante oscilación variando sus distancias focales y fijando las imágenes.
El montaje en este espacio, supone un sistema de apertura y clausura, que a su vez aísla y hace penetrables las obras; es ahí donde se desencadena la implicación del espectador a partir de su inmersión corporal y perceptiva, en la que no sólo opera lo visual, sino el espacio, el transito y el tacto, que desempeña en sus trabajos un papel tan importante como las formas que los vinculan a la vista. La relación entre mirar y tocar explica por qué sus piezas se encuentran en tensión y ruta entre lo pictórico y lo escultórico, y entre arquitectura y escultura. Estas ambivalencias semánticas y morfológicas, le permiten ampliar los resortes comunicativos con el público. Los sentidos despiertan asociaciones y recuerdos, en el que la memoria del espectador se funde con la del artista y a través de ello con la historia de la cultura compartida. Los recursos plásticos y los criterios de montaje están puestos en función de resaltar la relación de la escultura con el espacio expositivo. De esta manera, el paisaje se hace presente en la escultura en la instalación de la obra.
La obra de Roberto rompe los límites de la escultura tradicional. No pertenecen ni a "la pintura", ni a "la escultura". Pero se nutre de ambas, además de su memoria, en un proceso plástico de organización escénica del espacio. El resultado es un registro "envolvente", donde el espacio arquitectónico de la galería es parte activa.
Los materiales orgánicos e inorgánicos, lo visual y lo táctil, el espacio y el tiempo, la escultura y la cerámica, se articulan y confrontan, mediante una visión que, lo mismo que la memoria, selectiva y accidental rescata partes y motivos, y los mezcla en un registro abierto y expansivo. Lo que a primera vista puede parecer accidental, está en realidad revestido de una fuerte determinación expresiva, con lo que se alude a un intenso registro polisémico, tanto de los materiales como de sus posibilidades de interpretación. Las esculturas aquí presentadas suponen el resultado de un encuentro entre artista, memoria y paisajes, que permiten a Roberto, asumir lo múltiple, presentando propuestas artísticas que exigen rituales y símbolos propios.      
En la obra Espigas (presente en esta exposición), Roberto lleva al límite el carácter estético de la madera, la cual constituye uno de los núcleos de desarrollo de su obra, no sólo como material en sí mismo, sino a través de sus transformaciones visuales y táctiles. La madera tiene el atractivo de ser una materia viva. Es dura y resistente pero cálida a la vista y al tacto. Estas peculiaridades inciden en el trabajo escultórico de Roberto. El resultado final está relacionado con el método de trabajo y la herramienta que utiliza (algunas veces construidas por él). Por ello, muestra la madera combinada con una monocromía que refuerza sus características texturales.
En Espigas, el color es añadido, la madera esta trabajada de tal forma que transmite una sensación de fragilidad. Otra cualidad de Espigas es el espacio como recipiente, éste se extiende entre sus esculturas, las contiene, y es el requisito previo para poder acceder a ellas. En sus montajes e instalaciones el artista busca que el público recorra el espacio entre las piezas, ya que para la apreciación de las mismas es importante la cercanía del sujeto y su concentración. Para Rodríguez: el espacio preexiste en su obra, es a priori, es la condición que se requiere para su conocimiento, ya que si su obra existe en el espacio, este es condición esencial. En Espigas la mayoría de los elementos son literales. El espacio existe, el material se muestra como es; la escultura se caracteriza por su naturaleza física, y de proporciones cercanas a la escala humana.
En Montañas (también presente en esta exposición), Rodríguez evoca una suerte de paisaje inspirado en el entorno geográfico de su infancia. En esta obra, el artista trabaja con materiales que dan apariencia textural, al mismo tiempo que utiliza la acuarela para crear un juego muy sutil con los efectos de transparencia. Este conjunto de piezas, configuran un interesante repertorio de imágenes que combinan lo pictórico con lo escultórico, están pintadas con trazos espontáneos y con colores de una peculiar paleta, donde los tonos se combinan y se mezclan, y su apariencia depende básicamente de cómo incida la luz en ellos. Aquí, su obra se hace más sintética; casas, surcos, senderos, caminos y montañas acaban condensados en trazos, líneas, tramas y signos. En esta escultura todas las piezas están unidas en un todo único; ninguna de ellas puede aislarse. La luz uniforme y difuminada de la galería ayuda a que la multiplicidad de unidades independientes pueda equilibrarse entre sí.
Montañas, supone un relevo entre el taller, donde las esculturas se producen, y la exposición, donde se hacen efectivas para otros: las esculturas son la memoria, y su instalación en la galería es el paisaje. Es en este conjunto de aproximaciones donde Roberto, se ha liberado de los esquemas que mantenían aislada a su escultura en el pedestal, en un espacio privativo donde el espectador no podía transitar; para invadir el ámbito expositivo, conquistando el terreno donde el publico se mueve; enfatizando el espacio mediante su presentación; una superficie que se construye en la medida que se le recorre. Su obra, lejos de presentarse como un fenómeno cerrado, se abre, impregnándose de recursos más propios del acontecimiento y de la escena, lo que le confiere una dimensión significativa, adaptándose a las circunstancias del entorno arquitectónico. Una obra, que se gesta a través de la exploración activa; al mismo tiempo se ofrece a la mirada, al tacto y al transito, estrechamente relacionada con el movimiento del cuerpo del espectador, quien tiene que caminar, agacharse, alejarse, acercarse para la apreciación de la pieza.
Para Rodríguez el despliegue multidireccional de su escultura, al integrar al espectador y al recorrido en parte de la misma obra, refuerza la idea de "mixtura" no siempre previsible y armónica, que es el resultado de la mezcla de viejas y nuevas prácticas artísticas. Esta idea de mixtura, ayuda a crear una autoconciencia donde nociones como lugar, espacio, tiempo e identidad se convierten en un modo de reinventar la escultura. Su propuesta es un medio de acción directa sobre nuestro sistema nervioso. Creador y publico son participantes de un juego estético que alude y reivindica el trasfondo ritual del arte. El contraste naturaleza/cultura que aparece recurrentemente en sus piezas no se presenta nunca como "totalidad" expresiva, sino como entidades superpuestas. En las obras expuestas aquí, Roberto no sólo reflexiona sobre el paisaje, sino sobre su propio pasado cultural, histórico y social.
Para Roberto la escultura posee la capacidad para transformar en imágenes y conservar en imágenes los lugares y las cosas que se nos escapan en el tiempo, imágenes que almacenamos en la memoria y que activamos por medio del recuerdo. La respuesta del público ante esto, está acompañada de ciertos elementos que la obra desencadena, entre otros, la relación tiempo-espacio. El tiempo, bajo la forma de recuerdo, de memoria y de nostalgia, una paradoja que introduce de manera simultánea un pasado remoto y un presente. Pero, no en un criterio perceptual solamente, sino por la experiencia que se vuelca en la escultura vinculándola con la memoria. En sus esculturas los lugares ocupan a manera de imágenes nuestra memoria, como un lugar en sentido transpuesto. Entonces, el paisaje aparece bajo el régimen de la memoria y de la imaginación. Recuerdo, evocación, nostalgia e imagen son los elementos constitutivos de su escultura. En ese sentido, el paisaje para Roberto no es una entidad física, es más bien un conjunto de experiencias vividas y no vividas, es una serie de significados anclados en ellas y en la memoria, así como en el olvido de las mismas. El paisaje se muestra en su escultura, como una entidad absolutamente misteriosa en tanto que no es sólo presente, sino también, huella, imaginación y promesa. Es en este sentido que Roberto se expresa en su escultura no sólo en torno a los paisajes, sino al sentido y el destino de sus vínculos con estos.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz 2011

viernes, 27 de mayo de 2011

Imagen-memoria Cerámica de Graciela Olio



Imagen-memoria
Cerámica de Graciela Olio
La argentina Graciela Olio, en su próxima exposición en el mes de julio, en el Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC), propone otras maneras de pensar y de aproximarse a la cerámica; la artista realiza pequeñas esculturas con técnicas fotocerámicas, que son el resultado de la exposición a la luz de impresiones fotográficas semitransparentes situadas sobre una placa de barro, sensibilizada con una emulsión de bicromato de amonio, potasio o sodio mezclada con materias orgánicas (coloides).
En términos conceptuales, la creación artística de Olio, consiste en una operación creativa de revisión de las nociones de lugar, memoria e identidad. Su obra apela a la revisión de la “identidad” impuesta como relato, inevitablemente “selectivo”, del discurso oficial de la nación argentina. La representación que nos ofrece Olio, como instrumento de análisis y de transmisión del conocimiento histórico, radica en la revisión de la historia o memoria oficial de Argentina de 1960 a 1980. Sin embargo, esta “revisión” no es objetiva, ni científica, al contrario, conforme a su visión individual, la artista al mismo tiempo que reconstruye el pasado en su obra, también lo recompone, pues escoge entre los recuerdos, apartando algunos, y retomando otros, de tal manera que las alteraciones muestran la fragilidad del fenómeno identitario causada por la memoria.
            Olio, en Proyecto Sur (una serie de obras iniciada en 2008 en Fuping, Shaanxi, China y que continua trabajando hasta hoy en Argentina), muestra un fuerte arraigo regional. Esta serie presenta algunos aspectos geográficos de América del Sur mediante un discurso visual que se manifiesta a través de imágenes de los cuadernillos de dibujos escolares Simulcop, utilizados en Argentina de 1960 a 1980. En la segunda etapa de Proyecto Sur, continuación (2008-), Olio, refleja su paso por una escuela, que de acuerdo a ella “lejos de incentivar las vivencias y la intuición formativa, proponía el simulacro apuntando a la pobreza ilustrativa del calco frío y ajeno”. Las imágenes que utiliza para esta obra son una serie de dibujos de mapas políticos, hidrográficos, climatológicos, de flora y fauna, de las principales ciudades y puertos, así como de los productos sudamericanos más importantes, que tratan de mostrar la representación idealizada del continente. Estas imágenes presentaban un todo simulado para hermosear una realidad engañosa, pero políticamente correcta.
            La tercera etapa de Proyecto Sur, serie home (2009-) muestra imágenes didácticas que pertenecen a un pasado escolar, pero que son apropiadas, transferidas y relocalizadas en una narrativa otra, fuera de su contexto original, sobre una serie de objetos cerámicos. Esta serie, a manera de paisaje escolar en tercera dimensión, muestra formas simples de casas, realizadas a partir de láminas muy delgadas de porcelana, que luego son impresas con técnicas de transferencia.
Proyecto Sur conforma una obra que a través del registro de inocentes imágenes escolares, se inserta en un presente desde la nostalgia crítica. La elección de la porcelana como material, crea una obra de gran tensión, cruzando técnicas antiguas con contenidos actuales que marcan nuevos rumbos en el desarrollo la cerámica. En el caso de Proyecto Sur, serie home, los elementos constitutivos de la escultura son la clave mediante la cual se establecen como imágenes simbólicas. La porcelana es la condición que posibilita la lectura de la obra; la forma que la artista utiliza depende en gran medida del material del que se nutre. La porcelana tiene cierta vocación formal, cierto destino, en esta obra, pasa de ser soporte a ser elemento fundamental y protagonista de la obra. Dotando a la pieza de un carácter frágil y de cierta luminosidad.
La exposición de Olio en el JEX presta atención especial a la curaduría y el montaje, a partir de propuestas de arte actual basadas en temáticas que ponen a dialogar artistas locales con artistas externos, de tal manera que se estimula una reflexión permanente sobre la relación de nuestro arte con el arte internacional. Apostando por introducir nuevas reflexiones en el ámbito artístico jalapeño.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz, Mayo 2011

viernes, 20 de mayo de 2011

Vientos del golfo, Yosi Anaya



Vientos del golfo
Yosi Anaya
 VI Bienal Internacional de Textil Contemporáneo

La obra de Yosi Anaya consiste en investigar y experimentar en medios textiles, técnicas mixtas, esculturas e instalaciones; estas expresiones las recrea en un sistema donde coexiste un balance entre el espacio artístico multidisciplinario y la investigación teórica. Yosi tiene dos caminos primordiales; uno es como artista, el otro en la investigación de tradiciones, técnicas y expresiones textiles (principalmente mesoamericanas). Parte de su práctica artística esta relacionada al tiempo, la luz y algunos elementos de la naturaleza, negociando cambios en el paisaje externo e interno.
Yosi es investigadora del Instituto de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana. Su labor consiste en indagar sobre las problemáticas del textil dentro del arte contemporáneo, en una investigación tanto etnográfica como ideológica. Imparte clases en la Facultad de Artes Plástica de la UV y cursos de estampado y teñido en textiles. También asesora diversos proyectos en las regiones indígenas de Veracruz, como el Centro de Artes Indígenas de la Sierra de Zongolica.
Vientos del golfo, explora las implicaciones del paisaje veracruzano en la creación de textiles aplicando experiencias artísticas contemporáneas. Paralelamente, investiga diversas técnicas de teñido natural como medio pictórico y de impresión. La mayoría de sus telas están teñidas en añil o índigo primordial. Esta instalación va acompañada de doce pequeños ventiladores en el piso que mantienen al “bosque” de tiras suspendidas en constante movimiento. El espectador puede caminar entre ellas convirtiéndose en parte de la obra. A partir de esto la artista moviliza vivencias y arquetipos que cobran cuerpo en las tramas de sus obras. En esta exposición Yosi ha establecido un fructífero diálogo con el arte textil fusionando una variedad de técnicas y procesos en un diálogo entre lo táctil y lo visual.

Manuel Velázquez
Xalapa, Veracruz, mayo 2011

sábado, 14 de mayo de 2011

¿cómo organizar el índice de una investigación?


Organización del índice.
El índice permite establecer lógicamente el desarrollo del trabajo y se considera la guía del mismo. En términos generales su secuencia se corresponde con la organización de las etapas de la investigación en dos vertientes: indagación plástica y búsqueda documental y visual. Sus partes deben observar relaciones coherentes con el planteamiento del problema, con los objetivos y la estructura conceptual, así como cada uno de los momentos a seguir en el proceso general del proyecto. El esquema puede ser modificado durante el desarrollo de la investigación, en la etapa formativa de la misma.
Ejemplo:
Resumen
Índice
Índice de imágenes
Introducción: Presentación organizada de los asuntos a desarrollar en los capítulos y subcapítulos.
Capítulo I: planteamiento del problema.
Capítulo II: desarrollo del problema
Capítulo III: tesis (en el caso de proyecto practico-artístico la tesis es la creación de obra más el análisis critico de la misma y del proceso)
Conclusiones
Notas
Fuentes de consulta (bibliografía, hemerografía, catálogos, páginas de
internet, materiales audiovisuales, etc.)
Glosario (si se requieren)
Apéndices o anexos (si se requieren)

jueves, 21 de abril de 2011

“Vision and difference”, Griselda Pollock


En “Vision and difference”, Griselda Pollock trata el debate sobre la historia del arte y la mujer en la cultura. Para ello estudia la obra de mujeres artistas, en el contexto de las representaciones dominantes de la feminidad. Pollock, se refiere, por supuesto, a la historia del arte que hemos conocido hasta antes de la aparición de los pocos libros como el suyo, esa historia hecha casi exclusivamente por analistas, críticos e historiadores varones. En ese artículo Pollock intenta demostrar que "el verdadero proyecto del discurso de la historia del artes es proponer una celebración de la masculinidad".
En el ensayo Pollock, cita a T.J. Clark, quien describió una crisis en la historia del arte. Empieza por recordar a sus lectores un tiempo feliz, a los inicios del siglo, cuando los historiadores del arte como Dvorák y Riegl se consideraban los grandes pioneros y cuando la historia del arte no estaba reducida a su rol curatorial, sino que participaba en los debates del estudio de la sociedad humana. Desde aquel entonces, la historia del arte se aisló de otras ciencias históricas y sociales; las tendencias de la disciplina eran principalmente anti-históricas.
Pollock, hace una revisión del catálogo realizado por Alfred H. Barr, Jnr., para su exhibición Cubismo y arte abstracto (1936, Museo de Arte Moderno de Nueva York) publicado en 1937, por el historiador marxista norteamericano Meyer Schapiro. Pollock, describió la paradoja del libro de Barr, la cual es mayormente un conjunto de movimientos históricos y es en sí mismo no-histórico. Barr, sugirió, provee lineamientos, narrativa evolutiva de creadores individuales agrupados en estilos y escuelas. La historia es reemplazada de manera meramente cronológica. La fecha de cada etapa en varios movimientos es trazada permitiendo una curva que nos hace ver el arte emergente año con año. Aunque las conexiones nunca están dibujadas entre el arte y las condiciones del momento. Barr excluye, como irrelevante a su historia, la naturaleza de la sociedad en la cual vivía, por ejemplo, el carácter de las estructuras sociales y conflictos, las condiciones de la vida social y su intercambio con producción artística y su consumo. 
Para Pollock, la historia que cuenta Barr, es una apariencia, pues se reduce a series de incidentes como una guerra mundial en la cual podría acelerarse u obstruirse el arte, o un proceso interno entre artistas. Los cambios en el estilo son explicados por la teoría del agotamiento, novedad y reacción. En oposición a este tipo de historia del arte cuyas formas son la espina dorsal de la enseñanza de los siglos XIX y XX en gran parte de Norteamérica y Europa. Hoy en día, se buscan los fundamentos de una crítica alternativa. La historia social del arte -desde un análisis marxista de la sociedad- constituye un cuerpo  radicalmente nuevo del trabajo de la historia del arte, el cual demanda una competencia con la hegemonía del arte burgués de la historia modernista del arte.
Para Pollock, ha habido historiadores de arte marxistas antes, pero lo que se necesita es un esfuerzo para fundar una tradición, producir un nuevo tipo radical del entendimiento de la producción artística. 
Pero hay también elementos del pensamiento marxista acerca del arte y sociedad que podrían ser evitados. En la búsqueda de modelos de una historia social del arte bajo la tradición marxista, la historia del arte feminista debería ser cuidadosa de no reproducir esos errores. Los problemas que Pollock plantea son los siguientes:
1. Tratar al arte como una reflexión de la sociedad que lo produce.
2. Tratar al arte como una imagen de su división de clases. Tratar a un artista como representativo de su clase, para poner a la mujer en el punto de vista de este movimiento. 
3. Insistir sobre la organización de fuerzas sociales como factores determinantes en la producción artística.
4. Generalizaciones ideológicas, lo cual es una respuesta al reduccionismo del problema anterior. Ver relaciones entre diferentes áreas culturales.