viernes, 28 de diciembre de 2012

¿Mexicano? Pablo Muñoz


¿Mexicano?
Pablo Muñoz

Las peculiaridades del desarrollo político, social y económico de nuestro país no podían dejar de incidir en la manera de hacer arte. Reflexionar sobre su realidad social le da a Pablo Muñoz argumentos y alternativas para concebir su trabajo artístico. Este joven creador, en la instalación "¿Mexicano?", indaga sobre la identidad. Mediante el uso de huesos, monedas, y textos, pone en evidencia la importancia de volver a pensar el país, sus imaginarios y la crisis de ciertas construcciones de identidad nacional. De tal forma que cuestiona los postulados culturales sobre los cuales se han apoyado el conjunto de rasgos colectivos que nos caracterizan frente a los demás.
Pablo Muñoz ha producido, a través de su instalación "¿Mexicano?", una respuesta a la experiencia de vivir en un país sujeto a la violencia indiscriminada y al narcotráfico. Su proyecto estético se basa en el convencimiento de que para articular una conciencia ética, el arte debe dirigirse a la representación del tema político. Lo político se refleja en sus trabajos relacionado con la especificidad del entorno social donde se mueve. La búsqueda de "lo mexicano", se relaciona con la manera en que los componentes nacionales pesan en su historia personal y en sus vivencias, valiéndose de símbolos que forman parte del imaginario colectivo; el águila nacional realizada con huesos de pollo y la palabra ¿Mexicano? hecha con monedas.
No olvidemos que el tema de la identidad ha sido y es una preocupación constante para el mexicano, situación en la que actualmente pesa no sólo la heterogeneidad, sino los propios conflictos y oposiciones que esto genera. Desde su obra, Pablo Muñoz elabora un imaginario cuya preocupación básica es establecer ¿quiénes somos?
Este artista tiene conciencia del riesgo que supone generar modelos que pueden terminar siendo clichés de “lo mexicano" o lo que es peor, de lo que se espera ver desde afuera como imaginarios típicos de esta región. La reformulación de la identidad en su obra, asume que lo mexicano resulta de una compleja heterogeneidad. Así, sólo aceptando la existencia de los conflictos y oposiciones que la noción suscita, será posible acercarse comprensivamente a la difícil pregunta sobre qué significa “ser mexicano”.
El desarrollo particular de nuestra nación, los contrastes que marcan sus diversidades históricas, se ven reflejados en la complejidad que encierra el ser resultado de los cruces culturales. El tipo de colonización vivida, la forma como se exterminó o sometió a los indígenas, el traslado de población de otros continentes le da a México una estructuración particular y diversa a la de otros países. Actualmente, nuestra identidad tiende a ser vista como algo dinámico, en construcción, como un espacio en el que las cosas dialécticamente cambian y se conservan.
En términos formales, la pregunta ¿Mexicano? permite a Pablo Muñoz crear una propuesta visual donde coexisten elementos propios con otros aportados por los lenguajes del arte contemporáneo occidental. Esto le concede acercarse a una realidad viva y presente, sin remitirse a la simple repetición de algo conocido, sino recontextualizar esa realidad en una búsqueda que no trata de reivindicar nacionalismos exacerbados. Estas formulaciones críticas en su obra, buscan no sólo cuestionar la identidad, sino demostrar que no existen ni ideas ni formas únicas de representar la realidad, sacándole el máximo partido al valor del disenso.

Manuel Velázquez
Diciembre de 2012

Café. Gerardo Vargas


Café
Gerardo Vargas

En el marco de  la realización de una serie de calendarios para el próximo año 2013, Gerardo Vargas realiza "Café", una propuesta compuesta por diversas serigrafías sobre papel que posibilita un interesante compendio de imágenes.
El título del calendario hace referencia al nexo común de este conjunto de obras. Este calendario profundiza en las aportaciones visuales que Vargas ya ha llevado a cabo en los últimos años en torno a las posibilidades de la gráfica, en específico la serigrafía.
En estas imágenes son los relatos, las historias, las tradiciones culturales, las crónicas alrededor del café lo que cuenta. Vargas, a través de un análisis complementario ligado a la técnica de la serigrafía, pone de relieve una ambición artística autónoma. Así, y más allá de categorizaciones estrictas, la obra de Vargas posee una estética propia que destaca por su diversidad de escenarios, sus referencias al imaginario popular y su libertad, tanto de ejecución como de sus posibles interpretaciones.
Sus inicios en la gráfica nacen del intento de búsqueda de un lenguaje personal, realiza sus series de impresiones integrando figura y fondo mostrando un gran interés por el color. A este artista su labor creativa lo ha llevado con frecuencia a las raíces y a los sueños, encontrando en ellos un fructífero abrevadero de ideas plásticas. Asimismo las tradiciones han sido en su obra, punto de partida para la exploración, las cuales han enriquecido su vocabulario formal. Influencias formativas que con el transcurrir del tiempo, han dado paso a expresiones cada vez más personales.
 Vargas ha propuesto una serie de imágenes a veces estridentes y laberínticas. El fuerte colorido y la sensibilidad de algunas de sus creaciones, así como la reiteración de elementos iconográficos, establecen la posibilidad de un destino compartido con la tradición del cartel cultural en Xalapa. Las obras de este artista, aún con su frecuente serialidad, nos van dando lecturas y soluciones diversas, motivos diferentes que requieren, diferentes métodos de interpretación.
Si se contemplan las serigrafías de Vargas, en una primera ojeada puede parecer que se trata de obras formadas por un entramado de imágenes y trazos de color que de manera compulsiva inundan la superficie de papel siguiendo la estela de las ilustraciones, pero si el espectador se interesa por contemplar esas obras más detenidamente, se dará cuenta de que poseen una estructura, que están armadas, que sus colores han sido aplicados en forma que se superponen, que existen entre ellos sutiles relaciones cromáticas y que el conjunto de todos estos detalles permite dotar a cada pieza de una potente coherencia que va más allá de la aplicación de las leyes de la composición y del empleo de las recetas que se aprenden con la práctica del oficio.

Manuel Velázquez
Diciembre de 2012

Marketing de museos. ¿Segmentar o democratizar?



Marketing de museos. ¿Segmentar o democratizar? 

Neil Kotler y Philip Kotler proponen una variedad de métodos y herramientas para afrontar el problema de los públicos en los museos: promoción y comunicación, distribución de programas externos, imagen-marca, análisis de públicos, marketing de servicios, desarrollo de nuevos productos, autoevaluación de la organización y auditorías de marketing. El enfoque que proponen cubre todo aquello que los profesionales de los museos necesitan saber -desde planificación estratégica y elaboración de presupuestos, hasta publicidad-, al tiempo que proporcionan las herramientas básicas para crear y desarrollar un museo próspero y floreciente.
La orientación al consumidor (cliente, visitante o usuario) y el servicio constituyen el núcleo del marketing de los museos. Uno de los elementos fundamentales en la planificación de marketing es la aplicación de principios de segmentación de mercado, selección de público-objetivo y posicionamiento en el proceso de planificación estratégica.
Para construir su audiencia, un museo o cualquier espacio cultural, debe identificar toda la gama de individuos y grupos que estarían interesados en sus productos, así como focalizar a los otros segmentos que puedan tener un interés potencial. El museo tiene que determinar en qué segmentos centrar sus esfuerzos, tanto para atraer a nuevos públicos como para preservar los existentes.
Los museos al igual que otras organizaciones, no pueden “ser de todo y para todos”; desperdician recursos si intentan llegar a todos los públicos. Esto no quiere decir que los museos no deban tener una oferta amplia, pero tienen que priorizar individuos y grupos. Una vez definido su público-objetivo, el museo puede diseñar una imagen y un conjunto de ofertas que resulten atractivas.
De esta manera, el museo puede ser entendido como un sistema de engranajes que se coordinan e interrelacionan para formar una conexión con el público. Los museos permiten establecer modelos estéticos, leer rastros de objetos o representaciones, reflexionar sobre individuos, grupos, naciones o razas. Cualquier cosa puede ser colocada en un museo y cualquier cosa puede ser reinterpretada en el museo. Los museos no necesariamente refieren al pasado. Muestran la historia, separan el presente en un pasado específico, pero sus reliquias son elementos dentro de una genealogía para el presente.
Los museos se encuentran en un momento decisivo. Para garantizar su supervivencia han de demostrar que tienen un valor social, es decir, han de mejorar su función de servicio al público, con un mayor conocimiento de las necesidades y una voluntad de ofrecer experiencias gratificantes y útiles. Los museos y las galerías, deben examinar los modelos que han de seguir para potenciar sus funciones comunicativas. La mejor vía para lograrlo es tener claro cuáles son los objetivos que quieren comunicar. Es significativo destacar la importancia de conocer las necesidades específicas de su público-objetivo (escuelas, familias, personas con capacidades diferentes, entre otras) y proponer distintas políticas de exposición, educación y marketing orientadas a estas necesidades.
Así, en vez de contemplar el marketing como un elemento antagónico para la cultura, es importante utilizarlo para incrementar ingresos, públicos y recursos, respetando y fomentado la misión de los museos. Las herramientas estratégicas y de marketing nos permiten definir y alcanzar objetivos, aumentar la calidad y el número de apoyos, y construir museos económicamente saneados y vibrantes.

Manuel Velázquez
Diciembre 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

Nuevos dioses. Cerámica de Rabí Montoya



Nuevos dioses. Cerámica de Rabí Montoya

La era postindustrial, los medios masivos de comunicación, los elementos de la cultura del espectáculo; son referentes significativos para la exposición Nuevos dioses, de Rabí Montoya, presente en el Instituto de Artes plásticas de la Universidad Veracruzana a partir del 8 de noviembre. Este artista asume el peso de los fenómenos contemporáneos y crea a partir de catorce figuras en porcelana con lustres de oro, una raza de personajes híbridos que presentan aleaciones de diferentes manifestaciones culturales, desde las más ancestrales y misteriosas hasta las más actuales y mediáticas. A Rabí le interesan los procesos sincréticos y de transculturación, como lo vulgar y lo sofisticado, lo “kitsch” y lo “auténtico”, lo local y lo global, lo popular y lo elitista, lo banal y lo trascendental. Este autor, parece pensar en la afirmación de Baudrillard en el sentido de que estamos asistiendo a la etapa final de lo real-original y nos limitamos a representar el signo de las cosas.
Rabí hace gala de una manifiesta heterogeneidad, partiendo del hecho de que la “cultura” no tiene una identidad única, al ser resultado de la influencias de diversos aportes y procedencias. Los elementos de que se vale; la actitud irónica y descomplicada, no dejan de darle un aire festivo e irreverente a algunas sus obras. Junto a la incidencia del arte local; resulta evidente la utilización de recursos procedentes del arte contemporáneo internacional. Esa revalorización de lo trivial que fue tan evidente en el arte internacional desde la segunda mitad del siglo pasado, en Rabí abrió la puerta a la utilización de imágenes promovidas por el consumo, los objetos impulsados por el capitalismo tardío son para él una forma de la apropiación vulgarizada de los antiguos dioses.
Rabí mezcla la figuración religiosa del “Niño Dios” con objetos y costumbres contemporáneas para crear obras de expresión irónica, a partir de una poética no exenta de metáforas. Sus esculturas vinculan lo popular con elementos de una identidad ambigua, valiéndose de los símbolos más diversos para rescatar una peculiar visión de la memoria colectiva. La obra de Rabí nace del cruce que se produce entre lo local y lo global; usa formas e íconos de la cultura de masas con formas propias de carácter ritual (imágenes globalizadas que se mezclan con elementos culturales locales). El artista en estas obras, también reflexiona sobre fenómenos particulares como la lucha libre.
Los Nuevos dioses de Rabí son un serie de personajes invadidos por la cultura del espectáculo (como Walt Disney), pero arraigados en su propio pasado. Para el artista esto significa la experiencia de continuas superposiciones, oclusiones y colisiones que sufre la cultura contemporánea. El artista, juega con las imágenes provenientes de diversas fuentes culturales, transponiéndolas y superponiéndolas en la misma obra, donde su proximidad pervierte el sentido de diferenciación que cada una de ellas reclama habitualmente. Todo esto tiene para él, un desafío a partir de un contexto que lee en términos de relaciones: la yuxtaposición de objetos contemporáneos con imágenes religiosas. Estos encuentros tienen implicaciones: el “Niño Dios” lleva sobre su cabeza orejas brillantes de Mickey Mouse en lugar de una aureola y “Xipetotec” es convertido en dios de la perfección.
La obra de Rabí tiene una connotación que lo vincula con lo actual, con elementos que forman parte del presente. De allí que este autor, lejos de rechazar lo nuevo, lo usa; constituyéndose en parte de una poética propia; un método para "sincretizar" el "contacto cultural”, no exento de ironía y metáfora. Para la realización de sus piezas, el artista utiliza elementos de la iconografía religiosa, pero despojándolas de su carácter ideológico; presentando un nuevo ícono, con el mismo sentido que tienen los objetos de culto o veneración para los devotos, pero eliminando lo sobrenatural; promoviendo una confrontación con la noción de identidad, mediante una mitología personal de nuevos dioses.

Manuel Velázquez
Noviembre 2012