viernes, 16 de abril de 2010

Carlos Mendiola. “De objetos, filosofías e historias” en Historia y Grafía Departamento de Historia UIA núm. 26, 2006

Carlos Mendiola. “De objetos, filosofías e historias” en Historia y Grafía Departamento de Historia UIA núm. 26, 2006

Manuel de Jesús Velázquez Torres

Maestría en Estudios de Arte

Universidad Iberoamericana

Febrero 2010

Este texto de Carlos Mendiola se escribió para una conferencia, por lo que tiene un carácter oral. El ensayo analiza el carácter de las lecturas filosóficas, que Mendiola divide en dos prácticas excluyentes entre sí: por un lado la lectura literal la cual entiende como lectura histórica y por otro, la lectura imaginativa concebida como lectura filosófica.

Mendiola describe este tipo de lecturas como practicas para leer historia y filosofía. La lectura literal tiene un peso argumentativo en la distinción temporal por lo que la considera histórica. En cambio, la lectura imaginativa toma como punto de partida un problema contemporáneo, con criterios de validez también contemporáneos, y trata de solucionar un problema de acuerdo con esos criterios. Interpreta en relación con el problema contemporáneo una proposición de validez y la somete a una prueba de conformidad con los criterios contemporáneos.

Mendiola, ofrece criterios útiles para ambos procedimientos de lectura, describe los alcances de ambos y de esta manera ofrece razonamientos para evaluar cada uno de sus objetivos. Señalando que ambas formas de leer pueden encontrarse dentro del quehacer de la filosofía.

Mendiola señala para su objetivo dos ejemplos: en el caso de la lectura imaginativa toma a Robert Brandom, quien describe su propia manera de leer como una interpretación sociológica transcendental. En el caso de la lectura literal, propone a Lorenz Krüger, que ve la lectura de un texto filosófico a partir de un previo conocimiento de la historia cultural a la que dicho texto pertenece, por lo que sus afirmaciones sólo pueden entenderse como producto de la orientación moral, política o religiosa de la época en que se escribió. La literatura sólo puede encontrarse en la contingencia histórica del texto. Por eso refiere lo siguiente: El punto de vista de la historia de problemas no deja sitio, en virtud de su misma naturaleza, a una explicación filosófica del origen y el paso (relativo) de sus problemas.

Así, Mendiola señala que la lectura literal crea un argumento con características temporales: un cronotropo, cuya base es la construcción de la distancia temporal del texto filosófico que leemos con respecto a nuestro presente. Eso es lo que construye lo propio, lo literal del texto, en tanto que lo literal es producto de la distancia temporal.

En cambio, la lectura imaginativa tiene como regla caer en el anacronismo, porque lee desde sus criterios de validez. Esta última es su regla: someter a la prueba de “verdadero o falso” los argumentos que aparecen en el texto. No los contextualiza, por que eso equivaldría a negar su procedimiento. En este caso, supone un problema compartido y busca resolverlo. La lectura imaginativa, a partir de una formulación actual y no de acontecimientos históricos, valora la respuesta. Somete a los criterios de verdad contemporáneos las afirmaciones que se encuentran en el texto.

Finalmente el autor concluye que la lectura literal tiene como propósito explicar y no puede a la vez valorar. Mientras que la lectura imaginativa tiene como propósito valorar, acción que realiza con criterios actuales y por eso no puede explicar.

Esta distinción que realiza el autor, entre la lectura literal y lectura imaginativa es semejante a la separación entre historia de la ciencia y filosofía de la ciencia. Mientras la primera explica el desarrollo de la ciencia, la segunda pretende valorar teorías científicas. Ambas lecturas pertenecen a espacios de reflexión diferentes, lo que no quiere decir que una y otra no usen argumentos históricos o de valoración, sino que una no implica a la otra y por el contrario, se excluyen.


Viajeros Europeos del Siglo XIX en México, México, Fomento Cultural Banamex, 1996.


Pablo Diener “El perfil del artista viajero en el siglo XIX”


Manuel de Jesús Velázquez Torres

Maestría en Estudios de Arte

Universidad Iberoamericana

Febrero 2010

Pablo Diener, señala en su texto que gracias a la mirada y la obra de los pintores viajeros del siglo XIX actualmente podemos conocer algunos aspectos que caracterizaban al México de aquella época: los hallazgos arqueológicos, la vida cotidiana y los paisajes. Diener menciona ejemplos sobresalientes como al italiano Eugenio Landesio, que crea escuela en el paisajismo mexicano, abriendo camino para su discípulo José María Velasco. De entre numerosos artistas, fascinados por nuestro territorio, destaca a Juan Mauricio Rugendas (paisajista), Paul Ficher (paisajista), Lukas Vischer (pintura de castas), Pelegrín Clavé (paisajista), Brecht (vida cotidiana) y Adela Bretón (arqueología), entre otros.

Para Pablo Diener, las características de los pintores viajeros de siglo XIX son muy variadas, en ocasiones trataban de asimilar el contenido humano, la vestimenta, las costumbres y en otras, el sentido geográfico de la región, el paisaje y las zonas arqueológicas (las pinturas de estos artistas que retrataban paisajes y personajes mexicanos reflejan un nutrido espacio de colores y de formas).

Diener señala también la discusión sobre el artista viajero y su utilidad científica y artística. Para el autor, Alejandro de Humboldt es un punto de referencia que resuelve el conflicto entre el extremo poético idealista y el afán científico de documentación. Humboldt define este campo del arte como auxiliar de las ciencias. Pues, su reto fundamental es ilustrar la naturaleza y no sólo prestar atención a su aspecto exterior, sino, también ha de reflejar en esa obra el espíritu del hombre, lo que exige al artista fuertes cargas de contacto cultural y aprendizaje de lo local inmediato.


Reporte de lectura

Viajeros Europeos del Siglo XIX en México, México, Fomento Cultural Banamex, 1996


Elena Isabel Estrada “El tema anticuario en los pintores viajeros”


Manuel de Jesús Velázquez Torres

Maestría en Estudios de Arte

Universidad Iberoamericana

Febrero 2010

Elena Isabel Estrada, señala en su texto que a partir de la Independencia de México en 1821, prevaleció un espíritu de apertura en nuestro país, con el ministro Lucas Alamán y el diputado Carlos María Bustamante Durante, lo que repercutió directa o indirectamente en una gran cantidad de informes sobre vestigios materiales de la antigüedad americana. Este espíritu “ilustrado” no murió con la Independencia y propicio que durante el siglo XIX en México, llegaran numerosos viajeros provenientes del viejo continente con la finalidad de estudiar las zonas arqueológicas, la flora, la fauna, el paisaje urbano, además de los tipos y costumbres de la población mexicana.

Elena Isabel Estrada hace especial hincapié en el estudio de los monumentos arqueológicos y los diferentes paisajes característicos de los lugares visitados por los artistas viajeros, entre ellos menciona a Alejandro de Humboldt que realiza un viaje, de 1799 a 1804, por diversos países americanos, entre otros México, y que tenía por objeto llevar a cabo estudios científicos dedicados a observar, tanto los recursos naturales, la geografía, así como los principales centros urbanos.

Los trabajos de estos artistas viajeros que presenta Estrada son referentes a la arqueología mexicana, ellos logran recrear un ambiente antiguo y majestuoso, donde la exuberante vegetación enmarca toda la escena.

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